Día del Padre | Cinco laicos del Regnum Christi comparten cómo la paternidad les ha ayudado a descubrir el amor de Dios

Por Esther
Familia unida en el campo

Con motivo del Día del Padre, entrevistamos a cinco padres de familia del Regnum Christi de Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y Córdoba para conocer qué han descubierto del amor de Dios a raíz de la paternidad y cómo miran ahora a sus propios padres. En sus respuestas aparecen ideas tan hondas como la “ternura de Dios”, el “amor desbordante” o la certeza de que Dios ama “sin ninguna condición y sin ningún límite”.

La experiencia de ser padre ha llevado a estos hombres a contemplar con nueva profundidad su relación con Dios y con su propia historia familiar. Santiago Huvelle asegura que la paternidad le ha enseñado “la ternura que tiene Dios por sus hijos”; Juan Sàenz de Santa María habla de “una bendición, un milagro, un don, una gracia”; y Rafael Segura confiesa que ser padre le ha dado “mucha paz, mucha tranquilidad y mucha esperanza”. Junto a ellos, Litos Payás y Máximo Doval coinciden en que la vocación de esposo y padre transforma la manera de vivir, amar y acompañar a los hijos.

Litos Payás, de Barcelona.
Litos Payás, de Barcelona.
¿Qué has descubierto del amor de Dios por ti a raíz de ser padre?

Santi: El hecho de ser padre, entre otras cosas, me enseñó la ternura que tiene Dios por sus hijos. Hay un midrash judío que dice que un acto de piedad es ser padre, porque ser padre te enseña cómo Dios te mira, cómo Dios te ama de un modo muchísimo más grande a como tú lo haces con tus propios hijos. Y yo, del amor de Dios, he descubierto la ternura de Dios. Uno de mis hijos (no voy a decir su nombre, pero es muy movido y la lía mucho), da igual lo que haga, da igual los trastos que rompa o lo que monte en el escenario de la vida, que al final siempre gana la ternura y la mirada tierna sobre el hijo. Y eso me hace volver sobre mí, sobre mi desastre, y me da muchísima tranquilidad y paz saber que hay un Dios Padre mucho más paciente de lo que puedo ser yo, mucho más tierno de lo que puedo ser yo con mis propios hijos.

Litos: Lo que he descubierto es que mi relación con Él ha cambiado radicalmente, porque mi identidad en Él ha cambiado totalmente. Sobre todo porque ahora soy esposo, soy padre y no solo soy hijo. Entonces, sí que es verdad que la manera en la que me relaciono tanto con Dios como con las demás personas es totalmente distinta. Y ahora no solo se centra especialmente en momentos de silencio para estar en intimidad con Él, que también, sino que voy viendo que mi relación con Él, esa relación de intimidad, se refleja a través del cuidado de mi matrimonio, de tener tiempo de calidad juntos, de estar con el Señor juntos y, luego también, ofrecer mucho tiempo de servicio, de amor, de pasarlo bien y, sobre todo, de paciencia con mi hijo.

Santiago Huvelle, de Madrid
Santiago Huvelle, de Madrid.

Juan: La verdad, si esta pregunta me la hacen hace 30 años, contesto una cosa; y si me la hacen ahora, después de 30 años, con 62, contesto otra. Hace 30 años hubiera dicho que ser padre es una maravilla: el sentimiento de tener unos hijos, una mujer que te da unos hijos… ese sentimiento de amor más grande que existe. Y lo he disfrutado y lo sigo disfrutando. Ahora, 30 años después, el sentido es mucho más profundo: es cerrar el círculo de la vocación al matrimonio, de la vocación de marido, de padre, y darle otra dimensión; una dimensión sobrenatural donde ves el valor del sacramento del matrimonio. Como consecuencia, y gracias a Dios, unos hijos: una bendición, un milagro, un don, una gracia. Y te das cuenta de ese amor de Dios que ha tenido contigo, que sin merecerlo has descubierto el amor de Dios a través de tu mujer y de tus hijos, donde el amor es desbordante. Es un sinsentido de entrega, de cariño, de disfrute y de ver que es tu vocación: darse sin límite a ese amor. Y ahora, como abuelo, ves en tu hija que nace una niña, y eso es otro milagro más, donde da sentido a tu vida de una manera no solo humana, sino espiritual. El amor de Dios absoluto.

Rafael: A los cinco años me enseñaron mis padres el Padrenuestro. Una de las cosas que más me ha gustado siempre es que la primera palabra que nos enseñó Jesús para dirigirnos a Dios fue “Padre”. Por tanto, recé toda mi vida el Padrenuestro queriendo sentirme con el amor que conocía en aquella época, que es el amor de un hijo hacia su padre, que es muy bueno. Pero desde que soy padre cambió un poco mi punto de vista y me puse más en el otro lado, e intento comprender el amor que nos tiene Dios como hijos. Si yo, que soy un ser absolutamente imperfecto, soy capaz de dar, de hacer cualquier cosa por mis hijos, de desvivirme por ellos, independientemente de que se porten bien, se porten mal, se equivoquen o acierten, me imagino un Dios perfecto, cómo nos debe amar sin ninguna condición y sin ningún límite. Y me da mucha paz, mucha tranquilidad y mucha esperanza saber que no depende tanto de mí, que no depende de si obro bien o si obro mal, sino simplemente de que Dios me ama.

Rafael Segura
Rafael Segura, Valencia.

Máximo: Lo que he sentido del amor de Dios al hacerme el regalo de ser padre es algo maravilloso. Nosotros decidimos ser padres muy jóvenes y tenemos cinco hijos. La verdad es que desde el primer momento, tanto Lourdes como yo, cuando nos casamos, tomamos esa libertad que Dios nos da y decidimos tener hijos muy pronto. También la responsabilidad, porque al final Dios nos presta a esos hijos durante un tiempo y Él nos dice siempre que a los hijos hay que darles lo que verdaderamente necesitan, que a veces no concuerda con lo que ellos quieren. Y esto siempre es una lucha, pero es una lucha maravillosa. Yo me he criado sin padre. Mi padre falleció cuando yo tenía diez años y, gracias a Dios, tuve la suerte de tener a mi madre, que hizo de madre y de padre, que me inculcó todos los valores e hizo de figura paterna. Ese acompañamiento es el que yo veo ahora necesario como padre para hacérselo a mis hijos. Qué duda cabe que, cuando eres adolescente o cuando tomas decisiones importantes en la vida, como casarte, tener al lado una figura paterna siempre es fundamental; tener ese espejo en el que poder mirarte.

Juan Sáenz de Santa María
Juan Sáenz de Santa María, de Bilbao.
¿Qué has descubierto de tu padre ahora que tú tienes hijos?

Santi: Ahora que soy padre, miro hacia atrás en mi vida y la admiración que siempre he sentido por mi padre -por ese hombre fuerte, generoso, entregado, siempre el último en dormirse, el primero en levantarse- no ha hecho más que ensancharse. Hoy lo admiro todavía más, le reconozco todo el bien que me ha hecho y siempre para mí es un modelo de lo que yo quiero ser para mis hijos.

Litos: Lo que he descubierto de mi padre ahora que tengo un hijo son muchas cosas. Principalmente, voy descubriendo muchos aprendizajes o actitudes que voy teniendo, que veo que he heredado de mi familia, especialmente de mi padre. Y luego diría que lo más bonito es darme cuenta de que lo más importante no es ser un padre perfecto, que tiene las mejores cualidades, sino un padre que, dentro de su humanidad, de sus imperfecciones, de sus heridas y demás, busca entregarse completamente a su familia con mucho amor.

Máximo Doval, de Córdoba
Máximo Doval, de Córdoba.

Juan: Más comprensión. Comprenderle en toda su vida como padre y como esposo, y ser mucho más indulgente de lo que podría haber sido.

Rafael: Es verdad que yo, por desgracia, mi padre falleció cuando yo tenía 15 años y no pude disfrutarlo mucho tiempo. Sí que lo quería mucho y me da cierto pesar no habérselo demostrado en vida. ¿Cuántas veces habrá sufrido por mí? ¿Cuántas cosas habrá sacrificado para hacerme crecer? Yo estaba allí como un pajarillo, que lo único que hacía era pedir y pedir y pedir. Sí que recuerdo de él una cosa muy bonita: cuando me decía “te quiero mucho”, yo siempre decía “yo mucho más”. Y él se reía y me decía: “Yo más, y ya te darás cuenta cuando seas padre”. Efectivamente, ahora echo de menos el poder decirle que tenía razón. Así que a los que todavía tenéis padre, os animo a que lo queráis mucho, no le juzguéis demasiado, lo respetéis, como he aprendido yo a respetar al mío, y cada día que tengáis la oportunidad en esta vida, se lo demostréis.

Máximo: Yo siempre digo que, al final, esa relación íntima con Dios, esa relación estrecha, hace que se forme un gran equipo y que ayude a criar a los hijos, a inculcarles la fe cristiana, a inculcarles los valores y, en definitiva, a acompañarlos en su camino. Y, por supuesto, nosotros lo hacemos con la espiritualidad del Regnum Christi, que nos ayuda a sembrar en esos corazones y, sobre todo, que nos ayuda a hacer ese camino hacia el cielo que todos perseguimos. Feliz Día del Padre y gloria a Dios.

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