Familia Misionera. Patricia y Matías, con cinco hijos, uno recién nacido: “Precisamente porque son pequeños es un momento muy bueno para empezar a ir de misiones”

Por Esther

Con cinco hijos, uno nacido en febrero, Patricia y Matías volverán esta Semana Santa con Familia Misionera a Fuenteleencina (Guadalajara). Después de la experiencia del año pasado, este matrimonio de Madrid asegura que ir de misiones en esta etapa de la vida familiar merece la pena: “Allí los niños no solo rezan, sino que comparten tiempo con otros, juegan, ven películas, tienen momentos adaptados a ellos… y todo en un ambiente de fe compartida con otras familias”.

Casados desde hace catorce años y padres de Catalina, Teresa, María, Ignacio y Tomás, Patricia y Matías afrontan esta las misiones con realismo, flexibilidad y mucha fe. Ella es profesora en Everest School Monte Claro y él compagina su labor como empresario de turismo cultural y religioso con la docencia en Formación Profesional y el acompañamiento en la UFV. Tras haber participado el año pasado en Fuenteleencina, destacan que estos días ayudan a “vivir la fe en familia” y a enseñar a los hijos, desde muy pequeños, que la fe “es algo compartido, alegre y que se vive con otros”.

Vais de misiones con cuatro hijos pequeños y con un bebé recién nacido. ¿Qué os mueve a seguir diciendo que sí a la misión en esta etapa tan exigente de la vida familiar?

Nos mueve, sobre todo, el deseo de vivir la fe en familia y de transmitirla a nuestros hijos de forma concreta. Sabemos que no es la etapa más cómoda, pero precisamente por eso sentimos que es una oportunidad muy grande para confiar, salir de nosotros mismos y poner a Dios en el centro de nuestra vida familiar.

Además, repetimos este año en Fuenteleencina, para vivir esta Semana Santa con otras familias y amigos con los que compartimos lo más importante, la fe y la misión de evangelizar.

Muchas familias pueden pensar que, con niños tan pequeños, “ya habrá tiempo” para ir de misiones más adelante. En vuestro caso, ¿por qué habéis querido que vuestros hijos empiecen a vivir la misión desde tan pequeños?

Precisamente porque son pequeños creemos que es un momento muy bueno para que empiecen a vivirlo. Allí no solo rezan, sino que comparten tiempo con otros niños, juegan, ven películas, tienen momentos adaptados a ellos… y todo en un ambiente de fe compartida con otras familias.

Desde pequeños van descubriendo, con mucha naturalidad, que la fe en Jesús es algo compartido, alegre y que se vive con otros.

Nos mueve, sobre todo, el deseo de vivir la fe en familia y de transmitirla a nuestros hijos de forma concreta

¿Cómo se evangeliza siendo familia en unas misiones? Es decir, ¿qué aportan unos padres con niños pequeños que quizá no podría aportar nadie más?

No sabemos hasta qué punto realmente ayudamos a evangelizar a las personas de los pueblos a los que vamos. Muchas veces son lugares donde hay muy pocos niños, y simplemente nuestra presencia -ver familias, ver niños en la iglesia, en las calles- ya parece ser una pequeña alegría.

Una familia con niños pequeños transmite vida, cercanía y normalidad. A veces no hace falta hacer grandes cosas; simplemente el ver a una familia junta, rezando, participando y conviviendo, ya es un testimonio que puede acercar a otras personas a Dios, aunque sea de una forma sencilla.

En la práctica, ¿cómo vivís las misiones con hijos tan pequeños? ¿Cómo os organizáis para cuidarles, atender sus ritmos y, al mismo tiempo, estar disponibles para servir?

Intentamos vivirlo con mucha flexibilidad y realismo. Yendo con niños tan pequeños tampoco tratamos de llegar a todo, sino de vivir lo que se pueda con paz y con alegría. Nos organizamos para que siempre haya varios adultos pendientes de los niños, se respetan los horarios de comidas y descansos para adaptarnos a sus necesidades y ritmos. Se alternan actividades pensadas para vivirlas en familia, con otras exclusivas para los padres o los niños.

También aprovechamos que hay un ambiente muy familiar donde los niños tienen sus propios espacios: momentos de juego, actividades, oración adaptada… y eso facilita mucho. Al estar con otras familias y amigos, todo se hace más llevadero: los hijos mayores suelen ayudar con los más pequeños, y entre los adultos nos apoyamos constantemente. Si alguien necesita descansar, siempre hay otra familia que se ofrece para echar una mano. En las comidas, por ejemplo, quien ya ha terminado puede ayudar a dar de comer a los niños de otros. También procuramos repartirnos las tareas por turnos para no sobrecargar a ninguna familia.

¿Qué os enseñan vuestros propios hijos cuando vais de misiones?

Nuestros hijos nos enseñan a vivir todo con sencillez y naturalidad. Se acercan a todo el mundo sin prejuicios, juegan, se integran con otros niños enseguida, participan en las actividades… Muchas veces son ellos los que rompen barreras y acercan a las personas.

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