VOCACIÓN, COMUNIÓN Y MISIÓN Comunicador de la ponencia: José Luis Restán Vídeo: Introducción: ¿por qué estamos aquí? a) El camino realizado b) Sinodalidad c) Discernimiento Breve recorrido histórico sobre el laicado desde el Concilio Vaticano II hasta hoy 1.1 La Exhortación apostólica Christifideles laici (1988) 1.2 El laicado en el magisterio y la preocupación pastoral de los obispos españoles 1.3 Un vistazo a la situación actual del laicado en nuestro país Aportaciones de las diócesis sobre el momento que vive el laicado en España 2.1 Luces de este momento 2.2 Dificultades y límites 2.3 Retos y desafíos para un laicado en salida misionera Vocación laical, comunión y misión 3.1 Vocación laical 3.2 Desde la comunión y para la comunión 3.3 La participación de los laicos en la misión de la Iglesia. Itinerarios de trabajo para este Congreso 4.1 Primer anuncio 4.2 Acompañamiento 4.3 Procesos formativos 4.4 Presencia pública Los desafíos de un cambio de época En salida. Un proceso que mira al futuro Introducción: ¿por qué estamos aquí? Bienvenidos todos a este momento de encuentro, de escucha recíproca, diálogo y discernimiento a la luz del Espíritu Santo, que es el Congreso de Laicos: “Pueblo de Dios en Salida”. No estamos aquí por casualidad ni por una ocurrencia gestada en un despacho, sino como fruto de un camino ya largo en el que todos los aquí presentes hemos participado activamente dentro de nuestras respectivas diócesis, movimientos y asociaciones. En realidad, se trata del camino de toda la Iglesia, dentro del cual el laicado ha ido tomando conciencia progresivamente de su vocación y misión. a) El camino realizado Como sabéis, en el marco del Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española para los años 2016-2020, la Asamblea Plenaria de nuestros obispos, reunida en abril de 2018, decidió la convocatoria de este Congreso de Laicos y encomendó su organización a la CEAS. Desde entonces se ha desarrollado un verdadero camino sinodal en el que se han implicado todas las diócesis y numerosas asociaciones y movimientos. Esta Ponencia inicial se sitúa en la estela de ese camino emprendido con mucha esperanza y con mucho esfuerzo por todos nosotros y por las realidades eclesiales a las que pertenecemos. Y este momento inicial es propicio para expresarnos mutuamente gratitud por este encuentro de verdadera comunión, de verdadera disposición para volver a acoger la llamada del Señor que nos invita a salir al mundo, “a remar mar adentro”, para ofrecer a nuestros contemporáneos el tesoro de Cristo que responde a sus deseos y necesidades más profundos. Podríamos decir que más que “congresistas” somos “enviados”, con toda la densidad que esta palabra tiene en la gran Tradición cristiana. El Instrumento de Trabajo que ha guiado nuestros pasos es fruto de este camino compartido, de esa gran conversación que ya ha comenzado hace meses y que en este Congreso tendrá un momento central, que luego debe proyectarse en el futuro. Dicho documento recuerda el objetivo de nuestro Congreso de esta manera: “Impulsar la conversión pastoral y misionera del laicado en el Pueblo de Dios, como signo e instrumento del anuncio del Evangelio de la esperanza y de la alegría, para acompañar a los hombres y mujeres en sus anhelos y necesidades, en su camino hacia una vida más plena” (IL 2). Para alcanzar ese objetivo, nuestro Congreso quiere ser “una experiencia del Espíritu” (IL 5), desarrollada en un proceso sinodal, espiritual y de discernimiento (IL 6), a través de la escucha humilde y el diálogo sincero entre todos (IL 9-10). Aquí aparecen dos palabras clave para nuestro Congreso en las que conviene detenernos: sinodalidad y discernimiento. b) Sinodalidad En su Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania, del 29 de junio de 2019, el Papa entra de lleno a explicar qué significa la “sinodalidad” como nota característica de la Iglesia: “en sustancia –escribe Francisco– se trata de caminar bajo la guía del Espíritu Santo, es decir, caminar juntos y con toda la Iglesia bajo su luz, guía e irrupción para aprender a escuchar y discernir el horizonte siempre nuevo que nos quiere regalar. Porque la sinodalidad supone y requiere la irrupción del Espíritu Santo”. Francisco nos anima a caminar juntos con paciencia, unción y con la humilde y sana convicción de que nunca podremos responder contemporáneamente a todas las preguntas y problemas. La Iglesia es y será siempre peregrina en la historia, portadora de un tesoro en vasijas de barro. También advertía el Papa, y puede ser saludable recordarlo a la hora de comenzar este Congreso, que los interrogantes que nos planteemos, así como las respuestas que demos exigen “una larga fermentación de la vida y la colaboración de todo un pueblo por años”. Eso impulsa a poner en marcha procesos que nos construyan como Pueblo de Dios más que la búsqueda de resultados inmediatos que generen consecuencias rápidas y mediáticas pero efímeras por falta de maduración o porque no responden a la vocación a la que estamos llamados. Es cierto que el Congreso que ahora comenzamos está especialmente centrado en la vocación y misión de los laicos, pero nos equivocaríamos si considerásemos esto aislado de su contexto eclesial, o sea, de las relaciones vivas entre laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, con nuestros obispos, que tejen la realidad del cuerpo eclesial. Cada uno con su perfil y carisma específico, que reclama y necesita los de los otros miembros del Pueblo de Dios. Así lo hemos vivido en el proceso previo, en el que, en un ejercicio de corresponsabilidad, hemos trabajado conjuntamente obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos. c) Discernimiento Francisco dedica un capítulo de la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate (166-175) a la cuestión del discernimiento, como también le dedica el último de la Exhortación Christus vivit. Y deja claro que no basta una buena capacidad de razonar o un sentido común, se trata de “un don que hay que pedir al Espíritu Santo… y al mismo tiempo nos esforzamos por…