Eucaristía, 4 itinerarios y 80 grupos de reflexión

La jornada del sábado 15 de febrero, ha comenzado por la Eucaristía. Ha estado presidida por el secretario general de la CEE, Mons. Luis Argüello, y ha estado concelebrada por los obispos y sacerdotes llegados de toda España que participan en el Congreso. Mons. Argüello ha afirmado en la homilía que «el Señor nos propone vivir en comunión, salir en misión, descentrarnos de nosotros mismos. Esto solo es posible si somos sostenidos por la Gracia del Señor».  Además, ha señalado al Evangelio como eje central de todo: «el Evangelio nos muestra uno de los latidos del corazón de Cristo: la conmoción de sus entrañas al salir a los caminos y ver que los hombres y las mujeres están abatidos, como ovejas sin pastor». Mons. Argüello ha recordado las tentaciones del clericalismo y la autorreferencialidad: «el Señor nos propone vivir en comunión y salir en misión con alegría pero también con conmoción de entrañas por lo que pasa a nuestro alrededor». Por último, el secretario general de la CEE, ha concluido la Homilía diciendo: «aquí traemos las heridas del mundo para verlas con Cristo, para que el pan y el vino nos lance a patear las calles, como ayer nos invitaba el papa Francisco».   Comienzan los itinerarios Tras la celebración de la Eucaristía, los 2.000 congresistas han comenzado el “recorrido” de cada uno de los cuatro itinerarios. La primera parada han sido las charlas para presentarlos. Para ello, los participantes se han dividido en cuatro grupos de 500 personas cada uno. ITINERARIO 1: PRIMER ANUNCIO Los que han elegido el itinerario 1, Primer Anuncio, han escuchado la charla impartida por Xavier Morlans, profesor de la Facultad de Teología de Cataluña, en Barcelona. Con el término “primer anuncio”, ha señalado que “se quiere designar una realización especifica de la sacramentalidad o eficacia de la Palabra de Dios, es decir, un núcleo fundamental de la Palabra de Dios que tiene una doble función ya que es a la vez “Generador” del primer encuentro con Jesucristo y “Realimentador” de la vida con y en Cristo. De hecho este es el significado original de la palabra “Evangelio” y de la palabra “kerigma”. Proponemos alternar el término “primer anuncio” con el término “Anuncio” o “Anuncio cristiano”. ITINERARIO 2: ACOMPAÑAMIENTO Covadonga Orejas, del Equipo Ruaj, ha sido la encargada de introducir el itinerario 2, “Acompañamiento”. “La mediación de Acompañamiento -ha explicado- es indispensable hoy para crecer, vivir y convivir en inclusión y como gran familia presidida por ese Dios – Presencia misteriosa que siempre acompaña (cf. Lc 24). No podemos tomarlo como una moda, ni llamar a todo acompañamiento. El Acompañamiento existe desde siempre. En la situación actual, lo redescubrimos con mayor fuerza y necesidad”. ITINERARIO 3: PROCESOS FORMATIVOS El itinerario, “Procesos formativos”, ha sido presentado por Gabino Uríbarri Bilbao, de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) y de la Comisión Teológica Internacional (Roma). El punto de partida de la exposición ha sido: “la fe es un tesoro que genera alegría”. “Hemos sido agraciados y estamos alegres. Se nos ha concedido gustar «la alegría del evangelio» (papa Francisco, Evangelii gaudium). La alegría es la palabra fetiche para la misión en el magisterio del papa Francisco”. ITINERARIO 4: VIDA PÚBLICA De la presentación del itinerario 4, “Vida pública”, se ha encargado Agustín Domingo Moratalla, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Valencia. Partiendo de su propia vivencia como profesor, educador, padre de familia, esposo y laico con experiencia de gestión pública y política; ha querido aprovechar para recordar que los laicos militantes y “confesadamente” católicos viven su condición en contextos marcados por una secularización compleja y una soledad “algo” dramática.  Turno de las experiencias  La segunda parada de los congresistas, sobre las 10.45 horas, ha sido para conocer las experiencias y los testimonios en torno a las 40 líneas temáticas del Congreso. Los participantes se han dividido en grupos más pequeños, de 50 personas por cada línea. Los que hacen el primer itinerario han podido elegir para las experiencias entre estos diez temas: el primer anuncio en el diálogo con personas del entorno cotidiano; propuestas específicas de primer anuncio desde ámbitos eclesiales; el primer anuncio en el contexto de la preparación pre-sacramental; el despertar religioso en las familias; el primer anuncio a jóvenes; primer anuncio en los centros educativos; el primer anuncio con motivo de las prácticas y vivencias de religiosidad popular; el primer anuncio en la atención a personas en situaciones límites; la experiencia del primer anuncio en países de misión y transmitir el Kerygma mediante el arte y nuevas disciplinas. Para el segundo itinerario se han presentado experiencias sobre los siguientes temas: el acompañamiento en procesos de iniciación cristiana; en la familia; desde los centros educativos; a jóvenes; en situaciones de sufrimiento y soledad; en situaciones de precariedad y vulnerabilidad; de personas con diversidad funcional; en el discernimiento vocacional; en diálogo con la increencia y el acompañamiento de los acompañantes. Del tercer itinerario los participantes han podido elegir entre los siguiente temas: una formación para toda la vida: itinerarios desde la infancia hasta la adultez; formación sistemática de equipos de fe-vida en los movimientos apostólicos: el Método de Encuesta, la Revisión de Vida y el Proyecto Personal de Vida Cristiana; formación de formadores; la formación en el corazón de la vida; el itinerario de Formación Cristiana para Adultos como herramienta de formación integral y permanente; la formación en Doctrina Social de la Iglesia; formación para la oración; en el seno de la familia; de los profesionales y tiempo libre y formación. En cuanto al itinerario cuatro los participantes que hayan elegido este camino, han conocido experiencias relativas a la presencia en la vida pública: el compromiso en la política y en el mundo asociativo; en el mundo del trabajo y en los sindicatos; con la familia y en la vida; con las personas en situaciones de pobreza; con las personas migrantes; con el cuidado del planeta; en la educación y ante la economía y el consumo; además de cómo crear pensamiento transformador de…

Ponencia final y eucaristía de clausura

Fotografías del Congreso: Flickr Vídeos disponibles del Congreso: Youtube Facebook.com/laicos2020 Twitter: @laicos2020 Instagram: @laicos2020 La tercera y última jornada del Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en Salida” ha estado centrada en la presentación del libro: Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, a cargo de Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. A continuación, se ha desarrollado la exposición de las conclusiones en la ponencia final que ha corrido a cargo de Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona y Ana Medina, periodista de TRECE. La elaborada a partir de las inquietudes recogidas en las aportaciones al documento de trabajo previo de las diócesis, asociaciones y movimientos; y el texto que se ha   realizado sobre el trabajo realizado, en el que se ha dado respuesta a las tres preguntas que se plantearon al inicio del Congreso: ¿Qué actitudes hemos de convertir? ¿Qué procesos hemos de activar? ¿Qué proyectos podemos proponer? Los moderadores y los secretarios de cada grupo de trabajo han planteado de manera sintetizada esas propuestas. Las mismas fueron recibidas por miembros del equipo de contenidos que, junto al equipo de la ponencia final y los responsables de cada uno de los itinerarios, las sintetizaron y las han plasmado en esta ponencia final. A partir de esta ponencia comienza la tercera fase. Es el objetivo fundamental de lo que se quiere construir: el post-congreso. El Congreso de Laicos 2020 ha concluido con una Eucaristía presidida por el cardenal Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE, retransmitida por TRECE TV. En su Homilía, La acción de gracias de la misa la ha pronunciado Pilar Rodríguez-Carretero Luna, miembro de la Comisión Organizativa del Congreso.  Por su parte, el cardenal Blázquez ha realizado la oración de envío con la que ha concluido el encuentro. Vídeo:

Itinerario 1: El primer anuncio

https://youtu.be/cP9BaTnJIXQ Itinerario 1: El primer anuncio Xavier Morlans, de la Facultad de Teología de Cataluña/ Hospital de Campaña Sta Ana, Barcelona La reintroducción del primer anuncio en la pastoral ordinaria de la Iglesia católica. Redescubrimientos y conversiones.  Con el término “primer anuncio” se quiere designar una realización  especifica de la sacramentalidad o eficacia de la Palabra de Dios, es decir, un núcleo fundamental de la Palabra de Dios que tiene una doble función: “Generador” del primer encuentro con Jesucristo y  “Realimentador” de la vida con y en Cristo. Primer redescubrimiento: el cristianismo como religión revelada 1.1.  El cristianismo como religión revelada y transmitida por hechos y palabras 1.2.  La relación sacramental de Dios y con Dios 1.3.  La sacramentalidad de la Palabra 1.4. La relación entre la sacramentalidad de la Palabra de Dios y los   sacramentos 1.5. Núcleo fundamental de la Palabra 1.5.1. El origen y la existencia de este núcleo 1.5.2. Los nombres de este núcleo Evangelio Kerigma Primer anuncio El Anuncio   Segundo redescubrimiento. Identidad y funciones del primer anuncio 2.1. Lo específico del primer anuncio en relación a otras formas del hablar cristiano como son la catequesis o la teología Carácter pro-vocativo Una llamada que pone ante el Resucitado en presente aquí y ahora El primer anuncio como contenido, acontecimiento y forma La dimensión social del primer anuncio   2.2. Las cuatro funciones del primer anuncio Puerta de entrada para acceder a la experiencia cristiana Fundamento permanentemente activador de toda la vida cristiana, Criterio para discernir y establecer la jerarquía de las verdades dogmáticas, catequéticas y morales Forma de vivir y proponer la vida cristiana   Conversiones requeridas para la reintroducción del primer anuncio en la pastoral ordinaria católica Conversión intelectual: no toda acción es consecuencia de un pensamiento Conversión teologal: el primer anuncio tiene su máxima realización y eficacia en el sacramento pero a la vez tiene una realización germinalmente eficaz fuera de la liturgia en la vida cotidiana Conversión pastoral: superar la afirmación “se evangeliza más con hechos que con palabras” y substituirla por “se empieza a evangelizar con hechos y cuando llega el momento con la Palabra”   Redescubrimiento del laicado como principal protagonista del primer anuncio en los ambientes cotidianos.             4.1. El laico como sacerdote, profeta y pastor             4.2. El primer anuncio como parte del ejercicio del profetismo laical             4.3. La mayor red de evangelizadora en el día a día: el laicado   Visión global: El primer anuncio en relación a la pastoral más urgente en este momento en las parroquias, movimientos, comunidades y asociaciones Primer anuncio e itinerarios de iniciación como propuesta permanente a los cristianos habituales Testimonio y primer anuncio hacia lejanos y alejados. Diez modalidades de primer anuncio             5.3. Oferta de itinerarios de iniciación cristiana a los que regresan o se acercan       Afirmación central Con el término “primer anuncio” se quiere designar una realización  especifica de la sacramentalidad o eficacia de la Palabra de Dios, es decir, un núcleo fundamental de la Palabra de Dios que tiene una doble función ya que  es a la vez: a) “Generador” del primer encuentro con Jesucristo y b) “Realimentador” de la vida con y en Cristo. De hecho este es el significado original de la palabra “Evangelio” y de la palabra “kerigma”. Proponemos alternar el término “primer anuncio” con el término “Anuncio” o “Anuncio cristiano”. Primer redescubrimiento: El cristianismo como religión revelada  1.1 El cristianismo como religión revelada transmitida por hechos y palabras En lo relativo al primer anuncio se manifiesta la esencia del cristianismo como religión revelada que transmite la intervención del amor salvador de Dios, desde su momento fundacional hasta el día de hoy, a través de hechos y palabras.[1] El cristianismo, en contra de lo que muchos cristianos puedan creer, no es primordialmente una visión de la realidad aunque sin duda la comportará; el cristianismo no es el esfuerzo ético por ser mejores, aunque dará pie a ello; el cristianismo no consiste en la práctica de unos rituales para ganarse el favor de Dios. El cristianismo es fundamentalmente la cooperación existencial con la intervención salvadora de Dios en la historia de la humanidad que se realiza normalmente a través del testimonio, la Palabra y los signos sacramentales confiados a un pueblo, el Pueblo santo de Dios, la Iglesia. [2] 1.2. La relación sacramental de Dios y con Dios En la pedagogía y el plan salvador de Dios su  iniciativa llega a las personas a través de mediaciones humanas que son fundamentalmente palabras y acciones. En contra de la moda actual, no existe en la revelación bíblica una experiencia directa, inmediata de Dios. Dios siempre se comunica por medio de signos, acciones o palabras que el profeta recibe y que debe trasladar al pueblo. Esta forma de actuar de Dios se llamará con el lenguaje técnico de la teología: sacramental. Un sacramento es una realidad visible o audible que hace presente el amor y la salvación de Dios. Sacramental quiere decir que produce lo que significa. [3] El primer y gran sacramento de la comunicación de Dios y con Dios es Jesucristo, Hijo de Dios en su singular humanidad. Pero para adaptarse a la condición humana, Jesucristo se comunica a la humanidad a través de un segundo gran sacramento o mediación histórica y visible que es su Pueblo santo, la Iglesia (LG 1 y  48). Este Pueblo santo siguiendo el mandato de Cristo y la inspiración del Espíritu Santo ha desplegado los siete sacramentos o signos visibles que comunican – aunque no exclusivamente – el amor salvador de Dios. Existen además los llamados sacramentales, signos que participan de la eficacia sacramental como son las bendiciones de personas, lugares  u objetos. Todo en la manera de relacionarnos con Cristo es sacramental en el sentido de que esta urdido de palabras, signos o acciones que nos hacen llegar su llamada, su amor y que posibilitan nuestra respuesta y nuestro vivir con Él al servicio de los demás. Así usando un sentido analógico hablamos del “sacramento” del hermano…

Itinerario 2: Acompañamiento

Vivir en modo acompañamiento Itinerario 2: Acompañamiento  Covadonga  Orejas. Equipo Ruaj  Introducción “En una civilización paradójicamente herida de anonimato y, a la vez obsesionada por los detalles de la vida de los demás, impudorosamente enferma de curiosidad malsana, la Iglesia necesita de la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro, cuantas veces sea necesario. En este mundo los ministros ordenados y los demás agentes pastorales pueden hacer presente la fragancia de la presencia cercana de Jesús y su mirada personal. La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos – sacerdotes, religiosos y laicos- en este “arte del acompañamiento”, para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (Ex 3,5). Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de la projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana”. (EG, 169) Todo lo que ofrecemos es fruto del estudio y reflexión compartida en nuestro Equipo Ruaj[1], a partir del estudio y la práctica del acompañamiento mismo, acompañando y siendo acompañados durante más de tres décadas, en múltiples contextos. La mediación de Acompañamiento es indispensable hoy para crecer, vivir y convivir en inclusión y como gran familia presidida por ese Dios – Presencia misteriosa que siempre acompaña (cf. Lc 24). No podemos tomarlo como una moda, ni llamar a todo acompañamiento. El Acompañamiento existe desde siempre. En la situación actual, lo redescubrimos con mayor fuerza y necesidad. Estos son los mensajes clave de nuestra exposición: La posibilidad de acompañar es para todos/as, no está reservada a unos pocos/as privilegiados. La posibilidad de acompañar está en el ADN de nuestro ser personas. El acompañamiento. hoy en día es mediación privilegiada de evangelización. Ante la crisis de mediaciones y estructuras en nuestra Iglesia, la mediación del encuentro es indispensable para conocer a Jesús y vivir la vida contando con Dios. Acompañar es ejercicio de inclusión, como no puede ser de otra manera entre aquellos que se saben hijos en el Hijo y hermanos/as en la gran familia humana.  El por qué y para qué del Acompañamiento Porque la buena relación es indispensable para crecer, vivir y convivir en inclusión y como gran familia presidida por Dios- Presencia misteriosa que siempre acompaña (Mt 28, 20) “Ser en relación” es elemento configurador de lo humano. “Somos desde los otros”. Y es, precisamente, desde la relación con los otros, desde donde aprendemos o no, a reconocer, y reconfigurar los límites propios y ajenos. Los otros son indispensables en este proceso. El respeto a la dignidad humana y la inclusión piden vivir y convivir siendo buena compañía los unos para los otros.  En nuestros contextos crecen cada vez más –con descaro o sutileza- las actitudes excluyentes.   Porque cuando contamos con el Espíritu todo puede redimensionarse en la vida (Rom 8,14-17). El posibilita una nueva manera de mirar, pensar, actuar. El Acompañamiento es Espiritual cuando reconocemos al Espíritu como verdadero Acompañante.  Desarrollar ese espacio es crecer hasta la plenitud (cf: Ef 4, 14-16). La presencia del Espíritu en nosotros/as va configurando: Un nuevo modo de mirar. Cuando confesamos que el Espíritu habita cada corazón y en el corazón de la realidad, todo se nos aparece con más respeto. Un nuevo modo de pensar. Unos a otros podemos reconocernos como “compañeros/as” equiparables (aunque diferentes) por la común dignidad que nos vincula en la Familia humana y en la Familia de fe. Una nueva manera de actuar. Cuando vivimos en modo acompañamiento, salimos al encuentro y nos “descalzamos” con actitud de respeto ante la tierra sagrada de los otros/as al compartir lo que late de alegrías y sufrimientos en el cotidiano vivir. Porque “en el ámbito del servicio a la misión evangelizadora los discípulos misioneros acompañan a los discípulos misioneros” (EG. 173) Ejercer de hijos/as en el Hijo y hermanos/as entre nosotros/as es el distintivo de una fe confesante que se compromete con la vida, abiertos a la comunicación con todos los hombres y mujeres de la gran familia universal profesen la religión que profesen. Todo esto lo vivimos en el mutuo acompañamiento cuando salimos al encuentro y nos dejamos encontrar, ofreciéndonos el testimonio de nuestras búsquedas, alegrías y dificultades.    ¿Para qué el acompañamiento espiritual hoy? “Aunque suene obvio, el acompañamiento espiritual debe llevar más y más a Dios, en quien podemos alcanzar la verdadera libertad. Algunos se creen más libres cuando caminan al margen de Dios, sin advertir que se quedan existencialmente huérfanos, desamparados, sin un hogar donde retornar siempre. Dejan de ser peregrinos y se convierten en errantes, que giran siempre en torno a sí mismos sin llegar a ninguna parte. El acompañamiento sería contraproducente si se convirtiera en una especia de terapia que fomente este encierro de las personas en su inmanencia y deje de ser una peregrinación con Cristo hacia el Padre” (EG, 170) Esta finalidad se concreta en otras que resultan profundamente útiles y necesarias en los ámbitos concretos en los que cada uno nos movemos. Resaltamos tres objetivos del acompañamiento espiritual. Para llegar al crecimiento (1Tes 5,23) La carta a Tesalonicenses recoge todo lo que nos configura como humanos. En ella, se nos invita a vivir como corresponde a auténticos creyentes en todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo. Paolo Freire nos recordaba, hace años, el impulso a crecer del que estamos dotados los humanos. La práctica asidua del acompañamiento es una mediación inigualable para detectar hacia donde se orienta esa energía nuestra, cuáles son los derroteros que tomamos ante las diversas situaciones de la vida. Acompañar en el crecimiento significa, entre otras cosas, que las personas desarrollen en lo posible, cuanto se les ha dado, que tomen decisiones lúcidas acordes con la vocación de cada uno y que las vivan con constancia y continua actitud de superación, aún en medio de las dificultades que la vida presenta. Para anunciar a Jesús como Juan Bautista (Jn1)  “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre…

Itinerario 3: Procesos formativos

Itinerario 3: La formación de los laicos para ser Iglesia en salida Gabino Uríbarri Bilbao, SJ. Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Comisión Teológica Internacional (Roma) 1.Presupuesto: la fe es un tesoro que transmitir Comencemos por la Escritura, con unas palabras de Nuestro Señor Jesucristo, que nos sitúen: «El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel» (Mt 13,44). La fe es un tesoro que genera alegría. Este es nuestro punto de partida. Hemos sido agraciados y estamos alegres. Se nos ha concedido gustar «la alegría del evangelio» (papa Francisco, Evangelii gaudium). La alegría es la palabra fetiche para la misión en el magisterio del papa Francisco[1]. La dinámica inherente a la alegría del tesoro de la fe es su transmisión. No solamente porque es un mandato expreso del Señor (ej. Mt 28,19-20), sino porque es lo que surge espontáneamente de un corazón bueno. Desde el Concilio Vaticano II ha quedado nítidamente claro que la misión eclesial compete a todos los cristianos. El bautismo capacita e impulsa a todos a ser misioneros: «La vocación cristiana es, por su propia naturaleza, vocación también al apostolado» (AA 2; cf. además LG 10-12; 33-35; AA completo). 2. Requisito para ser iglesia en salida: Confianza en la propia Fe Sin estar realmente convencidos de la bondad de la propia fe no la podremos transmitir. Mi impresión personal es que en este punto no siempre estamos bien en la media de la Iglesia española. En eso se apoyan los anuncios. Si una cadena de supermercados me soluciona mucho la vida, lo digo con toda claridad y lo argumento. Sin embargo, tendemos a relegar la fe al ámbito de la vida privada. La entendemos como un asunto muy personal, privado, íntimo, en el que no osamos inmiscuirnos, a no ser que se nos pregunte. 2.1.Tres interpelaciones Vamos a confrontarnos con tres testimonios que nos interpelan para una conversión misionera: El teólogo protestante W. Pannenberg (1928-2014) dice así en el prefacio para la edición española de su obra Teología Sistemática: «El cristianismo de los Padres se sabía en alianza con la verdadera razón frente a una cultura en decadencia. Esta era la situación de la Antigüedad tardía. Pero, ¿no es también la de nuestra época?»[2]. Con «los Padres» se refiere a los grandes teólogos de los primeros siglos del cristianismo. Los cristianos de los primeros siglos pensaban que la fe cristiana iba pareja con la razón. Es decir, pensaban que en la fe se daba la verdad. Una persona cabal se daría cuenta de ello. Si no, era posible argumentar racionalmente para convencerla. Como resultado extraigo una primera conclusión: una fe que no se considere la mejor aliada de la verdad y la razón difícilmente atrae. Si es aliada de la verdad y de la razón no hay motivo alguno para no mostrarlo de un modo público. El teólogo católico E. Biser (1918-2014) afirma que el problema principal para el futuro de la fe es una «herejía emocional», que describe en estos términos. «Y es que la fe no corre peligro con una interpretación equivocada del dogma ni con un comportamiento moral deficiente, sino que, ateniéndonos a la experiencia general, el peligro mayor deriva sobre todo del derrotismo religioso, que no otorga a esa fe energía alguna capaz de configurar la vida y el futuro, a la vez que lo desconcierta en forma de crisis de confianza. Cuando lo que debería encontrarse en la fe es un impulso inagotable al coraje, un motivo de seguridad y alegría y, en buena medida, también un estímulo a la autocomunicación dialógica y operativa es una paralización la que afecta a los corazones de los hombres, mientras que un triste velo gris parece caer sobre la realidad de toda su vida»[3]. El tono gris, no atrae ni impele a salir a anunciar. Una fe, en la que no se confía y que no se la cree interesante y capaz de plenificar la vida de todos, no atrae. Si acaso llega a ofrecerse a otros, se propone ya derrotada de antemano. Una vivencia desalentada, mortecina y resignada ni atrae ni impele a la misión. Veamos ahora lo que dice un estudioso de la antigüedad agnóstico, profesor de clásicos en Oxford. En su obra Paganos y cristianos en una época de angustia[4], E. R. Dodds (1893-1979) se pregunta ¿qué hizo atractivo al cristianismo en la antigüedad desde el punto de vista psicológico? ¿Qué ofrecía el cristianismo que no ofreciera la tradición clásica, en muchos puntos convergente con las posturas cristianas? He aquí sus dos afirmaciones principales: «Lo que asombraba a todos los primeros observadores paganos —Luciano y Galeno, Celso y Marco Aurelio— era la confianza total que ponían los cristianos en unas afirmaciones no probadas, su disposición a dar la vida por algo que nadie podía demostrar»[5]. «El cristianismo, por otra parte, se presenta como una fe que merece la pena vivir porque es también una fe por la que merece la pena morir»[6]. Lo que más llama la atención de los paganos es la fe que los cristianos tienen en su propia fe, hasta el punto de ser capaces de morir por ella. Una fe vergonzante y acobardada no atrae. Una fe sin parresía no atrae. La parresía es la valentía, la franqueza y el ímpetu para proclamar algo públicamente, sin tapujos[7]. Junto con esto, también destaca el sentido comunitario[8]. 2.2.Conclusión Dicho de modo negativo, si los cristianos vivimos convencidos de que nuestra fe no es la verdad; la vivimos descorazonadamente, prediciendo su declive, en clave de derrota; y si no estamos dispuestos a darlo todo por lo que la fe promete, nuestro anuncio no será atractivo. Positivamente: la convicción alegre de que en la fe se nos ha dado la verdad para todos, que a todos interesa y hace bien genera energías y condiciones favorables para la transmisión de la fe.…

Itinerario 4: Presencia en la vida pública

https://youtu.be/gj_QeZqwQkw Itinerario 4:  Presencia en la vida pública: Profetas 3.0. Sanar personas, cuidar vínculos, tender puentes Agustín Domingo Moratalla. Catedrático de Filosofía Moral y Política. Universidad de Valencia    “… Desde que los filósofos griegos y los profetas judíos preguntaron qué era la justicia, y no qué se derivaba de las costumbres de sus tiempos, nuestra tradición no ha vuelto a ser capaz, y no lo volverá a ser nunca, si debe mantenerse en su verdadero valor y no solamente en su fuerza material, de decir con buena conciencia: “esto es bueno porque es nuestra forma de hacer las cosas”; siempre ha dicho y no dejará de decir: “¿dónde está el Bien para que podamos servirlo?”… Nuestra tradición es la tradición que pone siempre en cuestión su propia validez, que a cada momento de su destino histórico ha tenido que decidir y continuará teniendo que decidir, qué debemos hacer para acercarnos a la verdad, a la justicia, a la sabiduría. Es la tradición que no queda satisfecha con la tradición.” (Eric Weil)   I.- Introducción: contexto existencial, histórico y profético-cultural Agradezco a la Comisión de Apostolado Seglar esta oportunidad para participar en este congreso sobre el Laicado en la Iglesia Española. De manera especial a D. Javier Salinas por la confianza que ha depositado en mí para compartir mis reflexiones con el laicado activo y comprometido de nuestras diócesis. Entiendo la Iglesia como pueblo de Dios en marcha donde clérigos y laicos afrontamos responsabilidades compartidas, transversales, apasionantes y nuevas. Contexto existencial Parto de mi propia experiencia como profesor, educador, padre de familia, esposo y laico con experiencia de gestión pública y política. Quiero aprovechar esta oportunidad para recordar que los laicos militantes y “confesadamente” católicos vivimos nuestra condición en contextos marcados por una secularización compleja y una soledad “algo” dramática. Muchos profesionales del mundo de la educación, la cultura y la función pública constatamos cierta soledad que adquiere un carácter dramático en cinco escenarios cotidianos en los que, aparentemente, parece imposible reconciliar nuestra presencia pública: a.- El drama de ser empresario y católico, b.- El drama de ser político y católico, c.- El drama de ser científico y católico, d.- El drama de ser intelectual y católico, e.- El drama de ser feliz y católico.   Me gustaría que estas reflexiones nos ayudaran a evitar el desánimo, la soledad y la resignación ante diagnósticos o lecturas catastrofistas. Nuestra responsabilidad eclesial nos debe impulsar a trabajar codo con codo, laicos y clérigos. Ante la nostalgia de un laicado conformista que espera consignas, quisiera proponer un laicado renovado e inconformista, dispuesto a ser sal, luz y fermento cultural. Un laicado consciente de su responsabilidad eclesial y de su propio liderazgo ético en una iglesia del siglo XXI. Todos, clérigos y laicos, estamos llamados a una “responsabilidad responsable”, es decir, una responsabilidad vinculada con el deseo radical de libertad sensata, una responsabilidad donde la obediencia se plantea como “conocimiento de causa”. Desde este contexto reconozco que propuse otros tres títulos. Elijo el primero. Puedo hablar de la transición cultural que estamos viviendo y por ello una propuesta era: “De la evangelización analógica a la evangelización digital: el reto del cuidado y la personalización del mundo”. Quería dejar constancia del tiempo de transición cultural en el que vivimos y recordar la importancia de la ética del cuidado en un mundo con tendencia a la deshumanización progresiva y la despersonalización acelerada. Había una propuesta que titulé: “De la acción a la pasión católica: el compromiso de una interioridad apasionada”. Quería conceder relevancia al tema del compromiso sin poner el foco en la militancia social, profesional o política sino en la urdimbre antropológica que hace posible la acción. Por eso quería mantener la tensión antropológica entre la acción y la pasión. Buscaba mostrar la urgencia de reivindicar dimensiones olvidadas del activismo, el compromiso y la militancia como la intimidad, la vocación, la afectividad y la salud en todas las dimensiones de su campo semántico. Contexto histórico En la vida de la Iglesia los laicos somos levadura, fermento y luz. En el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia se recuerda la importancia de la dimensión espiritual y el valor de actuar con prudencia (&541ss). Sin esta última no se aplicarían correctamente los principios a las situaciones. Esta virtud capacita para trabajar con realismo y sentido de la responsabilidad. Es importante esta parte del Compendio (&549ss)  porque incide en la importancia de la vida asociativa, se describe nuestra tarea como “servicio, signo y expresión de la caridad” y se concreta en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana. El compendio se focaliza en tres ámbitos importantes: la cultura (&554-562), la economía (&563-564) y la política (&565-574), Nuestro trabajo en estos ámbitos tiene como finalidad construir una “civilización del amor”. Cuando se había consolidado la democracia en España en el año 1986, y después del Congreso Evangelización y hombre de hoy (9-14/09/1985), la Conferencia Episcopal Española presentó un documento que sigue teniendo actualidad. Continuaba con ello las indicaciones del Vaticano II (GS, LG, AA). Su lectura recuerda que el proyecto de Dios sobre el hombre no sólo se juega en su corazón y los ámbitos reducidos de su vida personal, familiar o interpersonal. Reclama actuación en la vida social y pública, implicación en prácticas e instituciones porque a través de ellas se favorece o dificulta la paz, el crecimiento y la felicidad. Esta plausibilidad y legitimidad de la dimensión social y pública sigue siendo tan urgente como entonces. Contexto cultural y vocación profética Se está produciendo un cambio radical que supone la transformación tecno-digital (IA, Big Data, IO). Un cambio que requiere con urgencia una renovada “ética del cuidado” para afrontar la fragilidad de ética democrática tentada por la indiferencia cultural, el dogmatismo y relativismo moral. Una ética del cuidado que no se limita a los espacios privados sino que ya es una ética pública renovada y transformada, una ética donde el imperativo del trabajo decente se ha convertido en una meta incuestionable. Necesitamos un cuidado justo…