Saludo del cardenal Ricardo Blázquez

“PUEBLO DE DIOS EN SALIDA” (Congreso de laicos 14-16 febrero 2020) SALUDO En nombre de la Conferencia Episcopal Española saludo cordialmente a todos los participantes. Con gratitud expreso mi respeto y afecto al Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, card. Kevin Farrel. Agradezco el trabajo eficaz y paciente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, Secretaría del Congreso de Laicos, Delegados Diocesanos y de todos los organizadores. Doy la bienvenida a todos los representantes de las Diócesis, Congregaciones Religiosas, Institutos seculares, Movimientos, Cofradías, Comunidades, Asociaciones. Es motivo de particular satisfacción que nos unamos todos en fraternidad eclesial y misionera. El sentirnos todos concernidos por la invitación de la Conferencia Episcopal Española es expresión de concordia eclesial y garantía de sinodalidad misionera. Todos los cristianos somos al mismo tiempo hijos de Dios, discípulos de Jesús, hermanos y misioneros. El presente Congreso manifiesta y anima estos diversos ingredientes de nuestra condición cristiana. La unidad en el Señor fortalece nuestra debilidad para evangelizar en nuestro tiempo. Este Congreso es una de las acciones proyectadas por el Plan Pastoral 2016-2020 de la Conferencia Episcopal Española titulado Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo. Estos son los términos de la propuesta: “Al final de los cinco años y como colofón de esta etapa pastoral, es conveniente y necesario llevar a cabo un Congreso Nacional de Evangelización, al que se convocará a todo el Pueblo de Dios: obispos, presbíteros, diáconos, consagrados y laicos”. Comenzó a gestarse el Congreso en la Asamblea Plenaria del mes de abril del año 2018. Este Congreso nos recuerda otro de gran incidencia eclesial que tuvo lugar en un momento oportuno, organizado también por la Comisión Episcopal de Pastoral y convocado por la Conferencia Episcopal Española. Los días 9 al 14 de septiembre de 1985 fue celebrado en Madrid el Congreso Evangelización y hombre de hoy. Merecen ser recordadas las coordenadas en que tuvo lugar. Casi a veinte años de la clausura del Concilio Vaticano II, para cuya conmemoración, balance y renovado impulso fue celebrada unos meses más tarde la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, decisiva para una lectura profunda de los documentos conciliares con tres claves, la Iglesia misterio, comunión y misión. En 1982 había tenido lugar el primer viaje del Papa Juan Pablo II a España desde el 31 de octubre al 9 de noviembre de 1982, con ocasión del IV Centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús. Para dar cauce a este magno y providencial acontecimiento de la visita del Papa y a su rico y amplio magisterio fueron recogidas sus intervenciones en un volumen con el título “Mensaje de Juan Pablo II a España” (Madrid BAC 1982). Poco más tarde, el 25 de julio de 1983, fue publicada la Exhortación de los Obispos “La visita del Papa y la fe de nuestro pueblo”. Aquel Congreso formaba parte relevante del Programa de la Conferencia Episcopal Española, como el nuestro ahora. El luminoso documento “Testigos del Dios vivo” (1985) y la Instrucción Pastoral, “Los católicos en la vida pública” (1986) se sitúan en el mismo impulso postconciliar y misionero. Con estos hechos se abría una nueva fase del Postconcilio entre nosotros. Todo se situaba en la onda que caracterizó al Vaticano II y a la excelente Exhortación Apostólica de Pablo VI Evangelii nuntiandi. El contesto histórico de nuestro Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en salida” recuerda el marco del Congreso de 1985. Varios factores le otorgan una significación especial. Es parte relevante del Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española; sigue las huellas de la Exhortación Apostólica Postsinodal del Papa Francisco Evangelii gaudium. Se gestó a los 50 años del Concilio Vaticano II y de nuestra Conferencia Episcopal; ha tenido en cuenta la situación actual, bastante diferente de la del año 1985. Hoy la esperanza es más humilde y destaca la nota de fidelidad paciente. La incesante secularización y el eclipse de Dios en nuestro mundo se han intensificado. La debilidad de la Iglesia es patente. Sufrimos el distanciamiento que muchos de manera silenciosa han marcado en relación con la Iglesia, que quizá sea también respecto a la fe en Dios revelado en nuestro Señor Jesucristo. Por otra parte, la presencia y actuación de los laicos cristianos en la vida cultural y social es más remisa. “Si no queremos que el cristianismo quede exculturado o fuera de la sociedad, la presencia personal ha de articularse con la presencia comunitaria y la institucional” (A. Cordovilla). Nos movemos entre la esperanza, que aunque sea probada no desfallece, y la debilidad que solo puede sostener y hacer vigoroso el poder de Dios. Como a Pablo nos dice el Señor: “Te basta mi gracia. La fuerza se realiza en la debilidad” (2 Cor. 12, 9). Dios “hace de la fragilidad su propio testimonio” (Prefacio de Mártires). El impulso evangelizador del Concilio es el mismo; incluso se ha convertido con mayor decisión en clave de la vida cristiana y de la misión por la insistente llamada del Papa Francisco, desde el comienzo de su ministerio como Obispo de Roma, Sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia universal. ¿No es momento oportuno para que la Iglesia en España, – después de haber asimilado la renovación promovida por el Concilio; de haber tomado muchas iniciativas y haberlas verificado en la acción pastoral; experimentando la complejidad de la evangelización en nuestro pueblo y en nuestro tiempo -, invocando todos el soplo del Espíritu Santo, digamos con humildad y decisión: “¿Aquí estamos, Señor, envíanos?”. La fórmula “Iglesia en salida”, que ha hecho fortuna, equivale a Iglesia en estado de misión, a Iglesia por naturaleza evangelizadora, a Iglesia convocada por Dios para ser enviada. La dimensión apostólica es inseparable de la iniciación cristiana y de la maduración de todos los bautizados. Jesús se presenta en el Evangelio como enviado por Dios, que salió del Padre y vino a este mundo para salvarnos. La corriente misionera pasa de Jesús a sus discípulos (cf. Jn. 17, 18; 20, 21).…

Intervención del cardenal Osoro

Palabras del cardenal Carlos Osoro. En nombre de toda la Iglesia que camina aquí en Madrid, os saludo a todos los que de diversos lugares de España venís a participar en este Congreso de Laicos 2020, que tiene un lema muy sugerente ya, para todos, desde el momento que lo estamos iniciando: “Pueblo de Dios en salida”. Que a través de todos los que participamos en el Congreso, sea para toda la Iglesia que camina en España una experiencia fuerte del Espíritu Santo, que nos haga reconocer en medio de las luces y las sombras que en nuestro caminar tenemos, muchos signos de esperanza que nos estimulen a vivir nuestro compromiso laical en medio de las dificultades, siempre con alegría y con ese alegre impulso misionero que el Papa Francisco nos pide a todos. Pues como nos recuerda el Papa Francisco, “la actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia y la causa misionera debe ser la primera”(EG 14). Que sepamos interpretar lo que supone el don de la vocación de laicos en estos momentos que nos toca vivir, siendo capaces  todos los que hemos venido de las diversas iglesias particulares de España, a participar en este Congreso, a ponernos a caminar juntos, por todos los caminos donde van los hombres, sintiendo que el impuso misionero para serlo de verdad, debe de realizarse desde la sinodalidad. ¡Qué belleza tiene pensar en una Iglesia que como Jesús, desea salir, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro de todos los hombres, de los de cerca y de los lejanos e invitar a los excluídos! Tengamos el atrevimiento de tener estos cuatro sueños: 1)soñar en este Congreso pensando en nuestra vocación laical misionera y por ello pensando en todos los hombres, pero especialmente en los que más necesitan, que seamos capaces de escuchar a todos y promover con fuerza la dignidad de las personas que con tanta hondura regala Jesucristo; 2) soñar en este Congreso desde la belleza humana que la cultura de nuestro pueblo en España, en sus diversidades, ha dado al ser humano en todas las dimensiones, donde la belleza más grande que es Jesucristo, tuvo atracción y acogida por otros pueblos, a través de los laicos y de las familias cristianas, asociaciones, movimientos, comunidades; 3) soñar en este Congreso cómo podemos hoy siendo creativos, custodiar, guardar, promover y hacer nacer la vida desbordante que brota de quien acoge a Jesucristo y lo hace capaz de no dejar al margen a nadie; 4) soñar en este Congreso con un laicado cristiano consciente de que toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación, donde “la parroquia (que no es una estructura caduca) , como nos dice el Papa Francisco, es la presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y de la celebración”(EG 27) y donde todas las demás instituciones eclesiales , comunidades de base y pequeñas comunidades, movimientos y otras formas de asociación, son una riqueza de la Iglesia que el Espíritu suscita para evangelizar todos los ambientes y sectores”(EG 29). Que sea así, desde donde todos los llamados a vivir la vocación laical sepan elegir y juntos encontrar cauces para crecer como discípulos misioneros, viviendo en comunidad y con la necesidad de asumir un compromiso cada día más fuerte en el mundo, lo cual nos va a exigir una formación fuerte y renovada, que se manifieste en vivir la misión como un proceso. Bienvenidos a esta Iglesia particular de Madrid. Fiémonos, el Señor nunca abandona a su Pueblo, Él nos acompaña y su Santísima Madre en la advocación de Nuestra Señora de la Almudena nos sigue recordando “no tengáis miedo”, “estoy con vosotros”, “haced lo que Él os diga”.  

Eucaristía final presidida por el cardenal Ricardo Blázquez

  El Congreso de Laicos 2020 ha finalizado con una Eucaristía presidida por el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE. En su Homilía Blázquez ha enviado un mensaje inicial: «Somos enviados pero elegidos por Jesús. Él se fía de nosotros y nos confía el ministerio. No somos espontáneos, somos elegidos, llamados y enviados» y ha destacado las palabras de San Pablo: «Cristo se fía de mí y me confió este ministerio y se de quién me he fiado » Blázquez ha resaltado que la fe en Dios es fecunda en buenas obras: «La adoración de Dios conduce al servicio de los hombres. El encuentro con Dios nos impulsa a ayudar a los demás. La acogida del Padre Dios revelado en Jesucristo es fundamento de fraternidad», ha afirmado. Además, el presidente de la CEE, ha puesto como eje central de la vida de las personas y la sociedad al matrimonio y la familia: «No podemos olvidar que de la familia unida y saludable depende la salud ética de la sociedad», ha resaltado. En esta línea, ha afirmado: » El adulterio comienza en el corazón. ¿ Por qué no nos detenemos a mirar con sinceridad y amor compasivo y esperanzado al matrimonio y la familia?». En la actualidad, ha recordado, se multiplican las rupturas de los matrimonios y, por ende, de las familias: «Las rupturas llevan  llevan consigo el sufrimiento de los esposos, de los hijos  y de la sociedad», ha señalado. Por otra parte, ha señalado que la educación de los hijos depende del hogar porque este es el lugar dónde se aprenden las «grandes lecciones para la vida». Por último, Blázquez ha concluido su Homilía con un resumen de lo que ha supuesto este encuentro: «Nos hemos sentido encantados en este Congreso por el ambiente que se ha respirado. Estamos probablemente, en el comienzo de una etapa preciosa y esperanzadora para nuestras Iglesias» Para finalizar, el cardenal Blázquez ha realizado la oración de envío con la que ha concluido el encuentro: «Deseo que la gratitud, misión y esperanza sean tres palabras que diariamente en nuestra vida nos vayan nombrando las realidades fundamentales. Muchas gracias a todos».   Texto íntegro:

Palabras de agradecimiento

El Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” ha concluido este domingo 16 de febrero con varios actos. Al finalizar la Eucaristía, la acción de gracias corrido a cargo de Pilar Rodríguez-Carretero Luna, miembro de la Comisión de Organización del Congreso. Ponencia íntegra Estamos concluyendo este Congreso de Laicos y la celebración de la Eucaristía, la gran acción de gracias a Dios porque el gran don que nos ha revelado en su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado. A su luz queremos elevar nuestra acción de gracias al Señor, por este proceso y encuentro sinodal que hemos vivido en nuestras Diócesis, movimientos y asociaciones  durante este año y medio. Un hecho que impulsa el compromiso de ser “Pueblo de Dios en Salida” Bajo la guía del Espíritu Santo, hemos realizado un camino tejido de escucha y discernimiento comunitario que ha alcanzado una mayor intensidad este encuentro, promesa de una misión tendrá su continuidad en nuestras Diócesis, movimientos y asociaciones. Nuestro Congreso ha sido expresión de la Iglesia que hemos sido, somos y deseamos llegar a ser: Pueblo de Dios que redescubre continuamente su vocación a la santidad y a la misión evangelizadora. Es de bien nacidos ser agradecidos. Por eso en nombre de la Comisión Ejecutiva del Congreso de Laicos, quiero expresar la gratitud a nuestros Pastores que han puesto en nuestras manos la realización de este Congreso que han convocado. Comisión a la que ha correspondido coordinar todos los trabajos de la preparación del Congreso; y tomar decisiones desde el diálogo fructífero con nuestros Pastores, laicos y miembros de la vida consagrada. Gracias a los Delegados Diocesanos de Apostolado Seglar y los Responsables de Movimientos y Asociaciones, junto con nuestros Pastores, porque desde el principio han creído en esta propuesta, la han animado e impulsado en sus respectivos ámbitos eclesiales. Gratitud, especialmente intensa a la labor de todos los laicos que se han involucrado en el proceso, en los grupos de reflexión, en los Encuentros Diocesanos de Laicos, los que han mandado aportaciones para elaborar el Instrumento de Trabajo, porque todos esos pequeños granos de arena han hecho realidad este Congreso. Queremos agradecer también el esfuerzo y la disponibilidad de las personas que han participado en los equipos de la ponencia inicial y final, los profesores que han elaborado las ponencias introductorias de cada Itinerario y la gran variedad de personas que han compartido el sábado sus experiencias y testimonios, manifestación de la riqueza, pluralidad y vitalidad que posee nuestra Iglesia. No olvidamos tampoco a las personas y entidades que han contribuido a la difusión del Congreso, a través de los diversos medios de comunicación. Gracias a los equipos de medios de la CEE y diocesanos, emisoras de radio y televisión que se han hecho eco de este evento, revistas de ámbito eclesial, responsables de redes sociales. De forma particular nuestro agradecimiento a 13TV que ha llevado a tantas personas, especialmente a los enfermos y mayores, las imágenes y noticias de este acontecimiento. También deseamos reconocer el servicio que nos ha prestado el Ayuntamiento de Madrid, editoriales, empresas y otras entidades que han colaborado en la logística de este evento. Y he dejado para el final el agradecimiento a los que han llevado el peso de este Congreso y que se merecen un gracias con mayúsculas. Se trata de los miembros de las Comisiones de Contenido y de Organización y Logística, con sus responsables a la cabeza. En los últimos meses y días, estas personas han estado entregadas al Congreso en cuerpo y alma. Ha sido admirable y digno de elogio la disponibilidad de los laicos de estas dos Comisiones. Y su testimonio de entrega abnegada a la Iglesia es un ejemplo real de lo que significa vivir la vocación laical. Gracias al trabajo de muchas horas, un trabajo escondido, pensado y ofrecido para todos nosotros, hemos podido disfrutar de este Congreso con alegría y con esperanza. Se afirma que el agradecimiento es la memoria del corazón. Por eso, aunque no hemos querido mencionar ningún nombre concreto, que nuestro agradecimiento a todas estas personas lo grabemos en el corazón. Dios conoce todo este esfuerzo y le pedimos a Él y a nuestra Madre, la Virgen María, que premie esta tarea y testimonio de entrega desinteresada. A todos y cada uno, GRACIAS!!!!    

Presentación del libro “Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días”

El Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” ha concluido este domingo 16 de febrero con varios actos. El primero ha sido la presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, a cargo de Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. Presentación del libro “Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días” Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, ha sido el encargado de hacer la presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, un documento que recoge todos los textos desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días. Está editado por la editorial de la CEE, se puede adquirir en el stand y en un futuro se podrá pedir. “La presentación se hace en este momento porque de lo que trata es del magisterio rico de lo que poseemos hasta ahora”, ha afirmado Romero, quien también ha dicho que “la elaboración de este libro me parece una intuición magnífica”. “El libro que presentamos no solo muestra todos estos textos sino que se acompaña de una guía de lectura. Servirá para ampliar el dialogo que abre el Congreso”, ha asegurado. También ha revelado que la antología de estos textos del magisterio está acompañada de una presentación del presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de un epílogo del presidente de la CEE, Ricardo Blázquez, quien propone impulsar la pastoral. “Este libro va enriquecer lo que estamos viviendo en este Congreso”, ha asegurado Romero quien ha añadido que para él “ha sido un año y medio muy agotador, pero muy feliz”. “El Congreso está siendo un ejercicio de manifestación de lo que nuestra Iglesia ha sido y es. Todo esto lo estamos haciendo mirando hacia el futuro. Queremos seguir construyendo la historia de una Iglesia que aspira a ser sinodal. Es una iglesia dominada por el Espíritu Santo”, ha dicho Romero. Sobre la ponencia final, ha comentado que “nos situará en clave de futuro, hacia dónde vamos”. Por último, dio las gracias a todos los que han hecho posible esta reunión de laicos. “Este Congreso se ha hecho posible gracias a vosotros, gracias a los obispos, sacerdotes, vidas consagradas y en especial, a los laicos. Que Dios os premie este esfuerzo desinteresado”. “Como sacerdote nunca había vivido una experiencia como esta”, ha reconocido. “Al entrar en este pabellón hemos podido ir hacia un renovado pentecostés. No es un eslogan, es nuestra meta, nuestro objetivo, ahí está nuestro futuro. La nueva evangelización o se hace con los laicos o no se hará. Casi 30 años después nos encontramos aquí. ‘Un renovado pentecostés o se hace con los laicos o no se hace’. Muchas gracias”, concluyó su intervención Luis Manuel Romero.      

Ponencia final

A las 10.00 horas dio comienzo la ponencia final. Un texto que fue terminado a lo largo de la pasada noche, a partir del trabajo de los congresistas del sábado. Los comunicadores fueron Mons. Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona y Ana Medina, periodista de TRECE TV. La ponencia final tuvo un doble objetivo: por un lado, presentar las aportaciones que, en un ejercicio de discernimiento, los Grupos de Reflexión han formulado tras el recorrido de los cuatro itinerarios que han constituido el eje central del Congreso y por otro, ofrecer un escenario de futuro inmediato que permita profundizar en las prioridades que, en un ejercicio de sinodalidad, se han podido identificar durante este proceso. La ponencia empezó con un breve recorrido por el pueblo de Dios. Se explicó que la Iglesia nace del misterio de Dios y camina en la historia como pueblo: “este pueblo estaba formado por hombres y mujeres, cristianos que venían del judaísmo y cristianos que venían del paganismo, apóstoles y maestros, profetas y diáconos, pastores y fieles. Es un pueblo en salida por expreso mandato de Jesús resucitado. La Iglesia es Iglesia en salida y, por eso, en toda época la misión renueva a la Iglesia. En esencia la misión consiste en dar vida. ¿Quiénes forman parte de este pueblo misionero y santo? Hombres y mujeres con diversidad de vocaciones, carismas y ministerios”. Además, aseguraron que “los laicos somos una parte fundamental del pueblo de Dios. También los laicos somos discípulos misioneros de Jesús. No somos una cosa o la otra, sino discípulos misioneros, sin separaciones, sin divisiones, sin compartimentos estancos. Somos discípulos misioneros: con la mirada puesta en Jesús, conscientes de nuestra propia vocación y con una vida entregada a los demás”. Afirmaron también que “en estos meses hemos vivido una experiencia de sinodalidad. Sinodalidad es caminar juntos. La Iglesia sinodal, gracias al Espíritu Santo, cultiva relaciones, pone en valor la vocación de cada fiel, favorece los carismas y el sentir con la Iglesia, se caracteriza por la comunión. El proceso sinodal que hemos vivido ha estado caracterizado por: la escucha, el discernimiento y la corresponsabilidad y la participación”. “En este Congreso estamos sembrando las semillas necesarias para renovarnos y dinamizar el laicado en España; al mismo tiempo, estamos cosechando ya los primeros frutos de los cuales saldrán nuevas semillas de sinodalidad. Para recorrer este camino necesitamos estar abiertos a la conversión pastoral y misionera, comunitaria y personal. La conversión pastoral y misionera exige la implicación de todos, cada uno desde su propia vocación. Finalmente, la conversión exige humildad. Solo podemos ser humildes si reconocemos que nunca estamos totalmente convertidos”, dijeron. También se ha hablado de reconocer el valor y la importancia de la cultura: “la cultura que vivimos trae nuevas preguntas. El Sínodo sobre los jóvenes habló sobre algunos desafíos antropológicos y culturales a los que estamos llamados a enfrentarnos en nuestro tiempo. Necesitamos tomar conciencia de estos cambios para poder responder a los nuevos retos del tiempo y de la historia”. Y que en esta cultura la Iglesia sinodal quiere ser sal y luz: “hace tres años, en las aportaciones de los jóvenes españoles para el Sínodo sobre los jóvenes, éstos  soñaban con una Iglesia misericordiosa, acogedora, cercana y abierta al mundo de hoy y, sobre todo una Iglesia fiel a Jesús y su Evangelio. Para ello es importante: salir hasta las periferias, diálogo y encuentro, vivir desde la oración y los sacramentos, apertura a quienes buscan, cultivar las semillas del Verbo, cercanía a los pobres y a quienes sufren, anunciar el Evangelio y estar a gusto con el pueblo”. Se ha insistido en la vocación como factor clave en la tarea de los laicos: “todos los cristianos estamos invitados a tener un papel activo en la Iglesia y en el mundo, cada uno según su propia vocación. La vocación es el regalo que Dios nos dona junto a la vida. Este pueblo ha sido bendecido con distintas vocaciones. No es extraño entender la vocación como camino de santidad, como fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas y en nuestras comunidades, porque toda vida es misión. Hay una continuidad inseparable entre vocación, misión y santidad. La llamada a la santidad es una llamada a la entrega, a la donación y a la alegría misionera. Vocación y misión están inseparablemente unidas. No podemos olvidar nunca que la vocación y la misión nacen del Señor, de Él parte la iniciativa. La misión es del Señor, es Él quien llama y envía”. “Aquí están los fundamentos de la misión compartida, tan importante en muchas congregaciones e institutos religiosos. La misión compartida va haciéndose realidad. Es una gran alegría constatar la presencia de tantos laicos comprometidos vocacionalmente en la misión. Nos necesitamos unos y otros, cada uno con su propia vocación, para llevar adelante la misión”, han añadido. Se ha hablado también del protagonismo del laicado. “Este protagonismo –explican- brota del don de la vocación laical y se hace concreto en la responsabilidad que toda vocación conlleva. Cuando posibilitamos y ejercemos este protagonismo, desarrollamos la sinodalidad. Esta se hace efectiva cuando todos los miembros de la Iglesia ejercen su responsabilidad en ella, según la vocación recibida. La responsabilidad de unos está unida a la responsabilidades de otros. Por eso hablamos de corresponsabilidad, que es más que de responsabilidad, porque implica una responsabilidad compartida y ejercida complementariamente. En la Iglesia sinodal nos necesitamos todos. No podemos excluir a nadie y nadie puede excluirse”. Asimismo, han dicho que les gustaría ver “este mismo protagonismo laical en los cauces de participación eclesial, siempre en clave de misión y no de poder”. La segunda parte de la ponencia se ha centrado en dar respuesta a las tres preguntas que se plantearon al inicio del Congreso: ¿Qué actitudes hemos de convertir? ¿Qué procesos hemos de activar? ¿Qué proyectos podemos proponer? Previamente, los participantes habían identificado luces y sombras, habían recogido sus inquietudes, planteado líneas de acción y concretar algunas propuestas. Todo ello ha sido plasmado en el Instrumentum Laboris, que…