Domingo, ponencia final y Eucaristía de clausura
Desde las 9.00 horas de este domingo, las butacas del auditorio de la Fundación se han ido ocupando para a las 9.30 horas, con una oración, comenzar la sesión final. Una espera, amenizada con los cánticos que durante estos tres días han mostrado la alegría y el ambiente festivo de este Encuentro. Dolores García Pi ha vuelto a subir al escenario para situar esta tercera jornada de trabajo. “Hoy -ha anunciado- viviremos momentos muy importantes”. El Señor “ayer nos sorprendió” y hoy “queremos compartirlo”. Los encargados de compartirlo han sido Eva Fernández y Jorge Botana, también miembros del Consejo Asesor de Laicos, y Jesús Úbeda, director del área del Primer anuncio de la CEE. Los tres han dado voz «a una ponencia redactada en equipo, a muchas manos. En realidad, tantas manos como personas están participando en este proceso«. Pero como ha anunciado Dolores García Pi, no han faltado ni momentos importantes ni emotivos. En medio de la presentación, se ha invitado a compartir el escenario a las cuatro personas que en la sala tenían un sobre, que les habían entregado antes, pero sin saber que contenía. Los elegidos para portar los sobres, han representado a los laicos, vida consagrada, sacerdotes y obispos. Cada sobre, como después se ha descubierto, tenía una parte de un óleo de Gloria Loizaga con la imagen de la Virgen, que, como madre, «nos acompaña» y es «modelo de evangelización» en «nuestra misión del Primer anuncio». Por eso, se ha quedado presidiendo el resto de la presentación y la Eucaristía. Resumen de la Ponencia final: “Pueblo de Dios unido en la misión” (Descarga el texto íntegro) El Encuentro de Primer Anuncio, celebrado del 16 al 18 de febrero y organizado por la Comisión para los Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española, ha supuesto escribir una página más del camino que iniciamos con el Congreso de Pueblo de Dios en Salida hace ya cuatro años, en febrero de 2020. A lo largo de los dos últimos años, con el impulso del Consejo Asesor de Laicos de la CEE y en colaboración con el Área de Primer Anuncio de la Comisión para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado, hemos ido formándonos sobre el Primer Anuncio y discerniendo qué llamadas nos está haciendo el Espíritu Santo para realizar una verdadera conversión pastoral que ponga al primer anuncio en el centro de nuestra acción evangelizadora. No todo es primer anuncio; con esta expresión nos referimos al acto fundamental, consecuencia de nuestro bautismo, que tiene por objeto proclamar el kerigma (lo esencial de nuestra fe) con la finalidad de hacer posible un encuentro vivo con Jesucristo en aquellos que no lo conocen. Pero, junto con ello, hemos redescubierto que el primer anuncio no es una tarea, no es una obligación, no es una acción. A través del primer anuncio vamos a un encuentro con alguien que nos espera; alguien con minúscula y Alguien con mayúscula. El primer anuncio no es sólo para el otro, es también para nosotros mismos. Es el lugar concreto donde Cristo quiere construir mi vida, donde quiere hacerme suyo. Si nos saltamos eso, nos saltamos a Cristo. En definitiva, en el primer anuncio nos jugamos nuestra santidad personal, la llamada personal que nos hace Cristo desde las personas con las que compartimos vida, trabajo, compromiso, familia, barrio… Este anuncio de Jesús muerto y resucitado solo será creíble en la medida en que nuestras comunidades salgan a las periferias existenciales y materiales al encuentro de nuestro hermano que sufre. La presencia de Cristo y de la fraternidad de los cristianos será así buena noticia transformadora y signo de esperanza. Todo este proceso, iniciado en el Congreso de Laicos, lo hemos realizado con dos claves transversales: sinodalidad y discernimiento. Con ilusión hemos realizado juntos este camino para descubrir a qué nos está llamando Dios, que nos invita a salir al encuentro del hermano sin esperar a que venga a nosotros. Para realizar esta conversión pastoral a que nos lleva el primer anuncio no hay recetas ni fórmulas clave, pero sí contamos con muchas experiencias de Iglesia que podemos compartir entre las distintas comunidades y que nos pueden ayudar en el camino. Ciertamente, la condición primordial para poder anunciar a Jesucristo es, en primer lugar, tener experiencia de Él, habernos encontrado con el Señor, habernos dejado mirar a los ojos y sentir su amor incondicional. Y es que solo se puede compartir lo que se vive. Otra de las claves fundamentales que hemos descubierto es que el anuncio ha de ser personal, con obras y palabras, pero siempre desde la cercanía, la amistada y el testimonio de vida en lo cotidiano. Si el viernes dábamos gracias por el camino recorrido en estos años, la jornada del sábado se ha organizado en cuatro paradas en el camino por las que han ido pasado todos los participantes. Como nos recordaba la primera parada del encuentro (Primer Anuncio y vida cotidiana), el Primer Anuncio empieza en nuestra vida cotidiana, familia, compañeros de trabajo, vecinos… Nuestro encuentro gozoso con el Señor nos abre al otro, al hermano. Nos invita a hacernos presentes de manera significativa para que se produzca el descubrimiento de Jesús de Nazaret, también desde nuestra vulnerabilidad, que permitirá un encuentro de corazón a corazón, que evite los peligros de la impaciencia, el proselitismo, la búsqueda de protagonismos o los prejuicios que impiden un verdadero anuncio. Además, en ese encuentro con el otro, volvemos a descubrir a Cristo que también nos espera para volvernos a mostrar su amor salvador por nosotros. En la segunda parada (Primer Anuncio y comunidad) hemos constatado el anuncio parte de una comunidad, no es algo que hacemos solos, y que debe conducir a que la persona que lo ha recibido se pueda incorporar a una comunidad, donde hará su proceso de iniciación discipulado. Esta incorporación a la comunidad no se puede hacer sin un primer acompañamiento o acompañamiento inicial, como nos recordaba la tercera parada (El acompañamiento tras el Primer Anuncio). Y en todo el proceso es fundamental la escucha, imprescindible en todo diálogo, que no se puede dar sin la apertura al otro. Además necesitamos alegría, acogida, esperanza, valentía (parresía) gratuidad o humildad. En la cuarta parada (Primer Anuncio y formación) hemos tomado conciencia de la necesidad de formación que nos capacite para ese anuncio. Necesitamos nuevos lenguajes, nuevos métodos,…









