Itinerario 3: Procesos formativos

Itinerario 3: La formación de los laicos para ser Iglesia en salida Gabino Uríbarri Bilbao, SJ. Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Comisión Teológica Internacional (Roma) 1.Presupuesto: la fe es un tesoro que transmitir Comencemos por la Escritura, con unas palabras de Nuestro Señor Jesucristo, que nos sitúen: «El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel» (Mt 13,44). La fe es un tesoro que genera alegría. Este es nuestro punto de partida. Hemos sido agraciados y estamos alegres. Se nos ha concedido gustar «la alegría del evangelio» (papa Francisco, Evangelii gaudium). La alegría es la palabra fetiche para la misión en el magisterio del papa Francisco[1]. La dinámica inherente a la alegría del tesoro de la fe es su transmisión. No solamente porque es un mandato expreso del Señor (ej. Mt 28,19-20), sino porque es lo que surge espontáneamente de un corazón bueno. Desde el Concilio Vaticano II ha quedado nítidamente claro que la misión eclesial compete a todos los cristianos. El bautismo capacita e impulsa a todos a ser misioneros: «La vocación cristiana es, por su propia naturaleza, vocación también al apostolado» (AA 2; cf. además LG 10-12; 33-35; AA completo). 2. Requisito para ser iglesia en salida: Confianza en la propia Fe Sin estar realmente convencidos de la bondad de la propia fe no la podremos transmitir. Mi impresión personal es que en este punto no siempre estamos bien en la media de la Iglesia española. En eso se apoyan los anuncios. Si una cadena de supermercados me soluciona mucho la vida, lo digo con toda claridad y lo argumento. Sin embargo, tendemos a relegar la fe al ámbito de la vida privada. La entendemos como un asunto muy personal, privado, íntimo, en el que no osamos inmiscuirnos, a no ser que se nos pregunte. 2.1.Tres interpelaciones Vamos a confrontarnos con tres testimonios que nos interpelan para una conversión misionera: El teólogo protestante W. Pannenberg (1928-2014) dice así en el prefacio para la edición española de su obra Teología Sistemática: «El cristianismo de los Padres se sabía en alianza con la verdadera razón frente a una cultura en decadencia. Esta era la situación de la Antigüedad tardía. Pero, ¿no es también la de nuestra época?»[2]. Con «los Padres» se refiere a los grandes teólogos de los primeros siglos del cristianismo. Los cristianos de los primeros siglos pensaban que la fe cristiana iba pareja con la razón. Es decir, pensaban que en la fe se daba la verdad. Una persona cabal se daría cuenta de ello. Si no, era posible argumentar racionalmente para convencerla. Como resultado extraigo una primera conclusión: una fe que no se considere la mejor aliada de la verdad y la razón difícilmente atrae. Si es aliada de la verdad y de la razón no hay motivo alguno para no mostrarlo de un modo público. El teólogo católico E. Biser (1918-2014) afirma que el problema principal para el futuro de la fe es una «herejía emocional», que describe en estos términos. «Y es que la fe no corre peligro con una interpretación equivocada del dogma ni con un comportamiento moral deficiente, sino que, ateniéndonos a la experiencia general, el peligro mayor deriva sobre todo del derrotismo religioso, que no otorga a esa fe energía alguna capaz de configurar la vida y el futuro, a la vez que lo desconcierta en forma de crisis de confianza. Cuando lo que debería encontrarse en la fe es un impulso inagotable al coraje, un motivo de seguridad y alegría y, en buena medida, también un estímulo a la autocomunicación dialógica y operativa es una paralización la que afecta a los corazones de los hombres, mientras que un triste velo gris parece caer sobre la realidad de toda su vida»[3]. El tono gris, no atrae ni impele a salir a anunciar. Una fe, en la que no se confía y que no se la cree interesante y capaz de plenificar la vida de todos, no atrae. Si acaso llega a ofrecerse a otros, se propone ya derrotada de antemano. Una vivencia desalentada, mortecina y resignada ni atrae ni impele a la misión. Veamos ahora lo que dice un estudioso de la antigüedad agnóstico, profesor de clásicos en Oxford. En su obra Paganos y cristianos en una época de angustia[4], E. R. Dodds (1893-1979) se pregunta ¿qué hizo atractivo al cristianismo en la antigüedad desde el punto de vista psicológico? ¿Qué ofrecía el cristianismo que no ofreciera la tradición clásica, en muchos puntos convergente con las posturas cristianas? He aquí sus dos afirmaciones principales: «Lo que asombraba a todos los primeros observadores paganos —Luciano y Galeno, Celso y Marco Aurelio— era la confianza total que ponían los cristianos en unas afirmaciones no probadas, su disposición a dar la vida por algo que nadie podía demostrar»[5]. «El cristianismo, por otra parte, se presenta como una fe que merece la pena vivir porque es también una fe por la que merece la pena morir»[6]. Lo que más llama la atención de los paganos es la fe que los cristianos tienen en su propia fe, hasta el punto de ser capaces de morir por ella. Una fe vergonzante y acobardada no atrae. Una fe sin parresía no atrae. La parresía es la valentía, la franqueza y el ímpetu para proclamar algo públicamente, sin tapujos[7]. Junto con esto, también destaca el sentido comunitario[8]. 2.2.Conclusión Dicho de modo negativo, si los cristianos vivimos convencidos de que nuestra fe no es la verdad; la vivimos descorazonadamente, prediciendo su declive, en clave de derrota; y si no estamos dispuestos a darlo todo por lo que la fe promete, nuestro anuncio no será atractivo. Positivamente: la convicción alegre de que en la fe se nos ha dado la verdad para todos, que a todos interesa y hace bien genera energías y condiciones favorables para la transmisión de la fe.…

Itinerario 4: Presencia en la vida pública

https://youtu.be/gj_QeZqwQkw Itinerario 4:  Presencia en la vida pública: Profetas 3.0. Sanar personas, cuidar vínculos, tender puentes Agustín Domingo Moratalla. Catedrático de Filosofía Moral y Política. Universidad de Valencia    “… Desde que los filósofos griegos y los profetas judíos preguntaron qué era la justicia, y no qué se derivaba de las costumbres de sus tiempos, nuestra tradición no ha vuelto a ser capaz, y no lo volverá a ser nunca, si debe mantenerse en su verdadero valor y no solamente en su fuerza material, de decir con buena conciencia: “esto es bueno porque es nuestra forma de hacer las cosas”; siempre ha dicho y no dejará de decir: “¿dónde está el Bien para que podamos servirlo?”… Nuestra tradición es la tradición que pone siempre en cuestión su propia validez, que a cada momento de su destino histórico ha tenido que decidir y continuará teniendo que decidir, qué debemos hacer para acercarnos a la verdad, a la justicia, a la sabiduría. Es la tradición que no queda satisfecha con la tradición.” (Eric Weil)   I.- Introducción: contexto existencial, histórico y profético-cultural Agradezco a la Comisión de Apostolado Seglar esta oportunidad para participar en este congreso sobre el Laicado en la Iglesia Española. De manera especial a D. Javier Salinas por la confianza que ha depositado en mí para compartir mis reflexiones con el laicado activo y comprometido de nuestras diócesis. Entiendo la Iglesia como pueblo de Dios en marcha donde clérigos y laicos afrontamos responsabilidades compartidas, transversales, apasionantes y nuevas. Contexto existencial Parto de mi propia experiencia como profesor, educador, padre de familia, esposo y laico con experiencia de gestión pública y política. Quiero aprovechar esta oportunidad para recordar que los laicos militantes y “confesadamente” católicos vivimos nuestra condición en contextos marcados por una secularización compleja y una soledad “algo” dramática. Muchos profesionales del mundo de la educación, la cultura y la función pública constatamos cierta soledad que adquiere un carácter dramático en cinco escenarios cotidianos en los que, aparentemente, parece imposible reconciliar nuestra presencia pública: a.- El drama de ser empresario y católico, b.- El drama de ser político y católico, c.- El drama de ser científico y católico, d.- El drama de ser intelectual y católico, e.- El drama de ser feliz y católico.   Me gustaría que estas reflexiones nos ayudaran a evitar el desánimo, la soledad y la resignación ante diagnósticos o lecturas catastrofistas. Nuestra responsabilidad eclesial nos debe impulsar a trabajar codo con codo, laicos y clérigos. Ante la nostalgia de un laicado conformista que espera consignas, quisiera proponer un laicado renovado e inconformista, dispuesto a ser sal, luz y fermento cultural. Un laicado consciente de su responsabilidad eclesial y de su propio liderazgo ético en una iglesia del siglo XXI. Todos, clérigos y laicos, estamos llamados a una “responsabilidad responsable”, es decir, una responsabilidad vinculada con el deseo radical de libertad sensata, una responsabilidad donde la obediencia se plantea como “conocimiento de causa”. Desde este contexto reconozco que propuse otros tres títulos. Elijo el primero. Puedo hablar de la transición cultural que estamos viviendo y por ello una propuesta era: “De la evangelización analógica a la evangelización digital: el reto del cuidado y la personalización del mundo”. Quería dejar constancia del tiempo de transición cultural en el que vivimos y recordar la importancia de la ética del cuidado en un mundo con tendencia a la deshumanización progresiva y la despersonalización acelerada. Había una propuesta que titulé: “De la acción a la pasión católica: el compromiso de una interioridad apasionada”. Quería conceder relevancia al tema del compromiso sin poner el foco en la militancia social, profesional o política sino en la urdimbre antropológica que hace posible la acción. Por eso quería mantener la tensión antropológica entre la acción y la pasión. Buscaba mostrar la urgencia de reivindicar dimensiones olvidadas del activismo, el compromiso y la militancia como la intimidad, la vocación, la afectividad y la salud en todas las dimensiones de su campo semántico. Contexto histórico En la vida de la Iglesia los laicos somos levadura, fermento y luz. En el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia se recuerda la importancia de la dimensión espiritual y el valor de actuar con prudencia (&541ss). Sin esta última no se aplicarían correctamente los principios a las situaciones. Esta virtud capacita para trabajar con realismo y sentido de la responsabilidad. Es importante esta parte del Compendio (&549ss)  porque incide en la importancia de la vida asociativa, se describe nuestra tarea como “servicio, signo y expresión de la caridad” y se concreta en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana. El compendio se focaliza en tres ámbitos importantes: la cultura (&554-562), la economía (&563-564) y la política (&565-574), Nuestro trabajo en estos ámbitos tiene como finalidad construir una “civilización del amor”. Cuando se había consolidado la democracia en España en el año 1986, y después del Congreso Evangelización y hombre de hoy (9-14/09/1985), la Conferencia Episcopal Española presentó un documento que sigue teniendo actualidad. Continuaba con ello las indicaciones del Vaticano II (GS, LG, AA). Su lectura recuerda que el proyecto de Dios sobre el hombre no sólo se juega en su corazón y los ámbitos reducidos de su vida personal, familiar o interpersonal. Reclama actuación en la vida social y pública, implicación en prácticas e instituciones porque a través de ellas se favorece o dificulta la paz, el crecimiento y la felicidad. Esta plausibilidad y legitimidad de la dimensión social y pública sigue siendo tan urgente como entonces. Contexto cultural y vocación profética Se está produciendo un cambio radical que supone la transformación tecno-digital (IA, Big Data, IO). Un cambio que requiere con urgencia una renovada “ética del cuidado” para afrontar la fragilidad de ética democrática tentada por la indiferencia cultural, el dogmatismo y relativismo moral. Una ética del cuidado que no se limita a los espacios privados sino que ya es una ética pública renovada y transformada, una ética donde el imperativo del trabajo decente se ha convertido en una meta incuestionable. Necesitamos un cuidado justo…

Saludo del cardenal Ricardo Blázquez

“PUEBLO DE DIOS EN SALIDA” (Congreso de laicos 14-16 febrero 2020) SALUDO En nombre de la Conferencia Episcopal Española saludo cordialmente a todos los participantes. Con gratitud expreso mi respeto y afecto al Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, card. Kevin Farrel. Agradezco el trabajo eficaz y paciente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, Secretaría del Congreso de Laicos, Delegados Diocesanos y de todos los organizadores. Doy la bienvenida a todos los representantes de las Diócesis, Congregaciones Religiosas, Institutos seculares, Movimientos, Cofradías, Comunidades, Asociaciones. Es motivo de particular satisfacción que nos unamos todos en fraternidad eclesial y misionera. El sentirnos todos concernidos por la invitación de la Conferencia Episcopal Española es expresión de concordia eclesial y garantía de sinodalidad misionera. Todos los cristianos somos al mismo tiempo hijos de Dios, discípulos de Jesús, hermanos y misioneros. El presente Congreso manifiesta y anima estos diversos ingredientes de nuestra condición cristiana. La unidad en el Señor fortalece nuestra debilidad para evangelizar en nuestro tiempo. Este Congreso es una de las acciones proyectadas por el Plan Pastoral 2016-2020 de la Conferencia Episcopal Española titulado Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo. Estos son los términos de la propuesta: “Al final de los cinco años y como colofón de esta etapa pastoral, es conveniente y necesario llevar a cabo un Congreso Nacional de Evangelización, al que se convocará a todo el Pueblo de Dios: obispos, presbíteros, diáconos, consagrados y laicos”. Comenzó a gestarse el Congreso en la Asamblea Plenaria del mes de abril del año 2018. Este Congreso nos recuerda otro de gran incidencia eclesial que tuvo lugar en un momento oportuno, organizado también por la Comisión Episcopal de Pastoral y convocado por la Conferencia Episcopal Española. Los días 9 al 14 de septiembre de 1985 fue celebrado en Madrid el Congreso Evangelización y hombre de hoy. Merecen ser recordadas las coordenadas en que tuvo lugar. Casi a veinte años de la clausura del Concilio Vaticano II, para cuya conmemoración, balance y renovado impulso fue celebrada unos meses más tarde la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, decisiva para una lectura profunda de los documentos conciliares con tres claves, la Iglesia misterio, comunión y misión. En 1982 había tenido lugar el primer viaje del Papa Juan Pablo II a España desde el 31 de octubre al 9 de noviembre de 1982, con ocasión del IV Centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús. Para dar cauce a este magno y providencial acontecimiento de la visita del Papa y a su rico y amplio magisterio fueron recogidas sus intervenciones en un volumen con el título “Mensaje de Juan Pablo II a España” (Madrid BAC 1982). Poco más tarde, el 25 de julio de 1983, fue publicada la Exhortación de los Obispos “La visita del Papa y la fe de nuestro pueblo”. Aquel Congreso formaba parte relevante del Programa de la Conferencia Episcopal Española, como el nuestro ahora. El luminoso documento “Testigos del Dios vivo” (1985) y la Instrucción Pastoral, “Los católicos en la vida pública” (1986) se sitúan en el mismo impulso postconciliar y misionero. Con estos hechos se abría una nueva fase del Postconcilio entre nosotros. Todo se situaba en la onda que caracterizó al Vaticano II y a la excelente Exhortación Apostólica de Pablo VI Evangelii nuntiandi. El contesto histórico de nuestro Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en salida” recuerda el marco del Congreso de 1985. Varios factores le otorgan una significación especial. Es parte relevante del Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española; sigue las huellas de la Exhortación Apostólica Postsinodal del Papa Francisco Evangelii gaudium. Se gestó a los 50 años del Concilio Vaticano II y de nuestra Conferencia Episcopal; ha tenido en cuenta la situación actual, bastante diferente de la del año 1985. Hoy la esperanza es más humilde y destaca la nota de fidelidad paciente. La incesante secularización y el eclipse de Dios en nuestro mundo se han intensificado. La debilidad de la Iglesia es patente. Sufrimos el distanciamiento que muchos de manera silenciosa han marcado en relación con la Iglesia, que quizá sea también respecto a la fe en Dios revelado en nuestro Señor Jesucristo. Por otra parte, la presencia y actuación de los laicos cristianos en la vida cultural y social es más remisa. “Si no queremos que el cristianismo quede exculturado o fuera de la sociedad, la presencia personal ha de articularse con la presencia comunitaria y la institucional” (A. Cordovilla). Nos movemos entre la esperanza, que aunque sea probada no desfallece, y la debilidad que solo puede sostener y hacer vigoroso el poder de Dios. Como a Pablo nos dice el Señor: “Te basta mi gracia. La fuerza se realiza en la debilidad” (2 Cor. 12, 9). Dios “hace de la fragilidad su propio testimonio” (Prefacio de Mártires). El impulso evangelizador del Concilio es el mismo; incluso se ha convertido con mayor decisión en clave de la vida cristiana y de la misión por la insistente llamada del Papa Francisco, desde el comienzo de su ministerio como Obispo de Roma, Sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia universal. ¿No es momento oportuno para que la Iglesia en España, – después de haber asimilado la renovación promovida por el Concilio; de haber tomado muchas iniciativas y haberlas verificado en la acción pastoral; experimentando la complejidad de la evangelización en nuestro pueblo y en nuestro tiempo -, invocando todos el soplo del Espíritu Santo, digamos con humildad y decisión: “¿Aquí estamos, Señor, envíanos?”. La fórmula “Iglesia en salida”, que ha hecho fortuna, equivale a Iglesia en estado de misión, a Iglesia por naturaleza evangelizadora, a Iglesia convocada por Dios para ser enviada. La dimensión apostólica es inseparable de la iniciación cristiana y de la maduración de todos los bautizados. Jesús se presenta en el Evangelio como enviado por Dios, que salió del Padre y vino a este mundo para salvarnos. La corriente misionera pasa de Jesús a sus discípulos (cf. Jn. 17, 18; 20, 21).…

Intervención del cardenal Osoro

Palabras del cardenal Carlos Osoro. En nombre de toda la Iglesia que camina aquí en Madrid, os saludo a todos los que de diversos lugares de España venís a participar en este Congreso de Laicos 2020, que tiene un lema muy sugerente ya, para todos, desde el momento que lo estamos iniciando: “Pueblo de Dios en salida”. Que a través de todos los que participamos en el Congreso, sea para toda la Iglesia que camina en España una experiencia fuerte del Espíritu Santo, que nos haga reconocer en medio de las luces y las sombras que en nuestro caminar tenemos, muchos signos de esperanza que nos estimulen a vivir nuestro compromiso laical en medio de las dificultades, siempre con alegría y con ese alegre impulso misionero que el Papa Francisco nos pide a todos. Pues como nos recuerda el Papa Francisco, “la actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia y la causa misionera debe ser la primera”(EG 14). Que sepamos interpretar lo que supone el don de la vocación de laicos en estos momentos que nos toca vivir, siendo capaces  todos los que hemos venido de las diversas iglesias particulares de España, a participar en este Congreso, a ponernos a caminar juntos, por todos los caminos donde van los hombres, sintiendo que el impuso misionero para serlo de verdad, debe de realizarse desde la sinodalidad. ¡Qué belleza tiene pensar en una Iglesia que como Jesús, desea salir, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro de todos los hombres, de los de cerca y de los lejanos e invitar a los excluídos! Tengamos el atrevimiento de tener estos cuatro sueños: 1)soñar en este Congreso pensando en nuestra vocación laical misionera y por ello pensando en todos los hombres, pero especialmente en los que más necesitan, que seamos capaces de escuchar a todos y promover con fuerza la dignidad de las personas que con tanta hondura regala Jesucristo; 2) soñar en este Congreso desde la belleza humana que la cultura de nuestro pueblo en España, en sus diversidades, ha dado al ser humano en todas las dimensiones, donde la belleza más grande que es Jesucristo, tuvo atracción y acogida por otros pueblos, a través de los laicos y de las familias cristianas, asociaciones, movimientos, comunidades; 3) soñar en este Congreso cómo podemos hoy siendo creativos, custodiar, guardar, promover y hacer nacer la vida desbordante que brota de quien acoge a Jesucristo y lo hace capaz de no dejar al margen a nadie; 4) soñar en este Congreso con un laicado cristiano consciente de que toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación, donde “la parroquia (que no es una estructura caduca) , como nos dice el Papa Francisco, es la presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y de la celebración”(EG 27) y donde todas las demás instituciones eclesiales , comunidades de base y pequeñas comunidades, movimientos y otras formas de asociación, son una riqueza de la Iglesia que el Espíritu suscita para evangelizar todos los ambientes y sectores”(EG 29). Que sea así, desde donde todos los llamados a vivir la vocación laical sepan elegir y juntos encontrar cauces para crecer como discípulos misioneros, viviendo en comunidad y con la necesidad de asumir un compromiso cada día más fuerte en el mundo, lo cual nos va a exigir una formación fuerte y renovada, que se manifieste en vivir la misión como un proceso. Bienvenidos a esta Iglesia particular de Madrid. Fiémonos, el Señor nunca abandona a su Pueblo, Él nos acompaña y su Santísima Madre en la advocación de Nuestra Señora de la Almudena nos sigue recordando “no tengáis miedo”, “estoy con vosotros”, “haced lo que Él os diga”.  

Eucaristía final presidida por el cardenal Ricardo Blázquez

  El Congreso de Laicos 2020 ha finalizado con una Eucaristía presidida por el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE. En su Homilía Blázquez ha enviado un mensaje inicial: «Somos enviados pero elegidos por Jesús. Él se fía de nosotros y nos confía el ministerio. No somos espontáneos, somos elegidos, llamados y enviados» y ha destacado las palabras de San Pablo: «Cristo se fía de mí y me confió este ministerio y se de quién me he fiado » Blázquez ha resaltado que la fe en Dios es fecunda en buenas obras: «La adoración de Dios conduce al servicio de los hombres. El encuentro con Dios nos impulsa a ayudar a los demás. La acogida del Padre Dios revelado en Jesucristo es fundamento de fraternidad», ha afirmado. Además, el presidente de la CEE, ha puesto como eje central de la vida de las personas y la sociedad al matrimonio y la familia: «No podemos olvidar que de la familia unida y saludable depende la salud ética de la sociedad», ha resaltado. En esta línea, ha afirmado: » El adulterio comienza en el corazón. ¿ Por qué no nos detenemos a mirar con sinceridad y amor compasivo y esperanzado al matrimonio y la familia?». En la actualidad, ha recordado, se multiplican las rupturas de los matrimonios y, por ende, de las familias: «Las rupturas llevan  llevan consigo el sufrimiento de los esposos, de los hijos  y de la sociedad», ha señalado. Por otra parte, ha señalado que la educación de los hijos depende del hogar porque este es el lugar dónde se aprenden las «grandes lecciones para la vida». Por último, Blázquez ha concluido su Homilía con un resumen de lo que ha supuesto este encuentro: «Nos hemos sentido encantados en este Congreso por el ambiente que se ha respirado. Estamos probablemente, en el comienzo de una etapa preciosa y esperanzadora para nuestras Iglesias» Para finalizar, el cardenal Blázquez ha realizado la oración de envío con la que ha concluido el encuentro: «Deseo que la gratitud, misión y esperanza sean tres palabras que diariamente en nuestra vida nos vayan nombrando las realidades fundamentales. Muchas gracias a todos».   Texto íntegro:

Palabras de agradecimiento

El Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” ha concluido este domingo 16 de febrero con varios actos. Al finalizar la Eucaristía, la acción de gracias corrido a cargo de Pilar Rodríguez-Carretero Luna, miembro de la Comisión de Organización del Congreso. Ponencia íntegra Estamos concluyendo este Congreso de Laicos y la celebración de la Eucaristía, la gran acción de gracias a Dios porque el gran don que nos ha revelado en su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado. A su luz queremos elevar nuestra acción de gracias al Señor, por este proceso y encuentro sinodal que hemos vivido en nuestras Diócesis, movimientos y asociaciones  durante este año y medio. Un hecho que impulsa el compromiso de ser “Pueblo de Dios en Salida” Bajo la guía del Espíritu Santo, hemos realizado un camino tejido de escucha y discernimiento comunitario que ha alcanzado una mayor intensidad este encuentro, promesa de una misión tendrá su continuidad en nuestras Diócesis, movimientos y asociaciones. Nuestro Congreso ha sido expresión de la Iglesia que hemos sido, somos y deseamos llegar a ser: Pueblo de Dios que redescubre continuamente su vocación a la santidad y a la misión evangelizadora. Es de bien nacidos ser agradecidos. Por eso en nombre de la Comisión Ejecutiva del Congreso de Laicos, quiero expresar la gratitud a nuestros Pastores que han puesto en nuestras manos la realización de este Congreso que han convocado. Comisión a la que ha correspondido coordinar todos los trabajos de la preparación del Congreso; y tomar decisiones desde el diálogo fructífero con nuestros Pastores, laicos y miembros de la vida consagrada. Gracias a los Delegados Diocesanos de Apostolado Seglar y los Responsables de Movimientos y Asociaciones, junto con nuestros Pastores, porque desde el principio han creído en esta propuesta, la han animado e impulsado en sus respectivos ámbitos eclesiales. Gratitud, especialmente intensa a la labor de todos los laicos que se han involucrado en el proceso, en los grupos de reflexión, en los Encuentros Diocesanos de Laicos, los que han mandado aportaciones para elaborar el Instrumento de Trabajo, porque todos esos pequeños granos de arena han hecho realidad este Congreso. Queremos agradecer también el esfuerzo y la disponibilidad de las personas que han participado en los equipos de la ponencia inicial y final, los profesores que han elaborado las ponencias introductorias de cada Itinerario y la gran variedad de personas que han compartido el sábado sus experiencias y testimonios, manifestación de la riqueza, pluralidad y vitalidad que posee nuestra Iglesia. No olvidamos tampoco a las personas y entidades que han contribuido a la difusión del Congreso, a través de los diversos medios de comunicación. Gracias a los equipos de medios de la CEE y diocesanos, emisoras de radio y televisión que se han hecho eco de este evento, revistas de ámbito eclesial, responsables de redes sociales. De forma particular nuestro agradecimiento a 13TV que ha llevado a tantas personas, especialmente a los enfermos y mayores, las imágenes y noticias de este acontecimiento. También deseamos reconocer el servicio que nos ha prestado el Ayuntamiento de Madrid, editoriales, empresas y otras entidades que han colaborado en la logística de este evento. Y he dejado para el final el agradecimiento a los que han llevado el peso de este Congreso y que se merecen un gracias con mayúsculas. Se trata de los miembros de las Comisiones de Contenido y de Organización y Logística, con sus responsables a la cabeza. En los últimos meses y días, estas personas han estado entregadas al Congreso en cuerpo y alma. Ha sido admirable y digno de elogio la disponibilidad de los laicos de estas dos Comisiones. Y su testimonio de entrega abnegada a la Iglesia es un ejemplo real de lo que significa vivir la vocación laical. Gracias al trabajo de muchas horas, un trabajo escondido, pensado y ofrecido para todos nosotros, hemos podido disfrutar de este Congreso con alegría y con esperanza. Se afirma que el agradecimiento es la memoria del corazón. Por eso, aunque no hemos querido mencionar ningún nombre concreto, que nuestro agradecimiento a todas estas personas lo grabemos en el corazón. Dios conoce todo este esfuerzo y le pedimos a Él y a nuestra Madre, la Virgen María, que premie esta tarea y testimonio de entrega desinteresada. A todos y cada uno, GRACIAS!!!!