Presentación del libro “Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días”

El Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” ha concluido este domingo 16 de febrero con varios actos. El primero ha sido la presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, a cargo de Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. Presentación del libro “Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días” Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, ha sido el encargado de hacer la presentación del libro Magisterio de la Iglesia sobre apostolado seglar. Del Vaticano II hasta nuestros días, un documento que recoge todos los textos desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días. Está editado por la editorial de la CEE, se puede adquirir en el stand y en un futuro se podrá pedir. “La presentación se hace en este momento porque de lo que trata es del magisterio rico de lo que poseemos hasta ahora”, ha afirmado Romero, quien también ha dicho que “la elaboración de este libro me parece una intuición magnífica”. “El libro que presentamos no solo muestra todos estos textos sino que se acompaña de una guía de lectura. Servirá para ampliar el dialogo que abre el Congreso”, ha asegurado. También ha revelado que la antología de estos textos del magisterio está acompañada de una presentación del presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de un epílogo del presidente de la CEE, Ricardo Blázquez, quien propone impulsar la pastoral. “Este libro va enriquecer lo que estamos viviendo en este Congreso”, ha asegurado Romero quien ha añadido que para él “ha sido un año y medio muy agotador, pero muy feliz”. “El Congreso está siendo un ejercicio de manifestación de lo que nuestra Iglesia ha sido y es. Todo esto lo estamos haciendo mirando hacia el futuro. Queremos seguir construyendo la historia de una Iglesia que aspira a ser sinodal. Es una iglesia dominada por el Espíritu Santo”, ha dicho Romero. Sobre la ponencia final, ha comentado que “nos situará en clave de futuro, hacia dónde vamos”. Por último, dio las gracias a todos los que han hecho posible esta reunión de laicos. “Este Congreso se ha hecho posible gracias a vosotros, gracias a los obispos, sacerdotes, vidas consagradas y en especial, a los laicos. Que Dios os premie este esfuerzo desinteresado”. “Como sacerdote nunca había vivido una experiencia como esta”, ha reconocido. “Al entrar en este pabellón hemos podido ir hacia un renovado pentecostés. No es un eslogan, es nuestra meta, nuestro objetivo, ahí está nuestro futuro. La nueva evangelización o se hace con los laicos o no se hará. Casi 30 años después nos encontramos aquí. ‘Un renovado pentecostés o se hace con los laicos o no se hace’. Muchas gracias”, concluyó su intervención Luis Manuel Romero.      

Ponencia final

A las 10.00 horas dio comienzo la ponencia final. Un texto que fue terminado a lo largo de la pasada noche, a partir del trabajo de los congresistas del sábado. Los comunicadores fueron Mons. Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona y Ana Medina, periodista de TRECE TV. La ponencia final tuvo un doble objetivo: por un lado, presentar las aportaciones que, en un ejercicio de discernimiento, los Grupos de Reflexión han formulado tras el recorrido de los cuatro itinerarios que han constituido el eje central del Congreso y por otro, ofrecer un escenario de futuro inmediato que permita profundizar en las prioridades que, en un ejercicio de sinodalidad, se han podido identificar durante este proceso. La ponencia empezó con un breve recorrido por el pueblo de Dios. Se explicó que la Iglesia nace del misterio de Dios y camina en la historia como pueblo: “este pueblo estaba formado por hombres y mujeres, cristianos que venían del judaísmo y cristianos que venían del paganismo, apóstoles y maestros, profetas y diáconos, pastores y fieles. Es un pueblo en salida por expreso mandato de Jesús resucitado. La Iglesia es Iglesia en salida y, por eso, en toda época la misión renueva a la Iglesia. En esencia la misión consiste en dar vida. ¿Quiénes forman parte de este pueblo misionero y santo? Hombres y mujeres con diversidad de vocaciones, carismas y ministerios”. Además, aseguraron que “los laicos somos una parte fundamental del pueblo de Dios. También los laicos somos discípulos misioneros de Jesús. No somos una cosa o la otra, sino discípulos misioneros, sin separaciones, sin divisiones, sin compartimentos estancos. Somos discípulos misioneros: con la mirada puesta en Jesús, conscientes de nuestra propia vocación y con una vida entregada a los demás”. Afirmaron también que “en estos meses hemos vivido una experiencia de sinodalidad. Sinodalidad es caminar juntos. La Iglesia sinodal, gracias al Espíritu Santo, cultiva relaciones, pone en valor la vocación de cada fiel, favorece los carismas y el sentir con la Iglesia, se caracteriza por la comunión. El proceso sinodal que hemos vivido ha estado caracterizado por: la escucha, el discernimiento y la corresponsabilidad y la participación”. “En este Congreso estamos sembrando las semillas necesarias para renovarnos y dinamizar el laicado en España; al mismo tiempo, estamos cosechando ya los primeros frutos de los cuales saldrán nuevas semillas de sinodalidad. Para recorrer este camino necesitamos estar abiertos a la conversión pastoral y misionera, comunitaria y personal. La conversión pastoral y misionera exige la implicación de todos, cada uno desde su propia vocación. Finalmente, la conversión exige humildad. Solo podemos ser humildes si reconocemos que nunca estamos totalmente convertidos”, dijeron. También se ha hablado de reconocer el valor y la importancia de la cultura: “la cultura que vivimos trae nuevas preguntas. El Sínodo sobre los jóvenes habló sobre algunos desafíos antropológicos y culturales a los que estamos llamados a enfrentarnos en nuestro tiempo. Necesitamos tomar conciencia de estos cambios para poder responder a los nuevos retos del tiempo y de la historia”. Y que en esta cultura la Iglesia sinodal quiere ser sal y luz: “hace tres años, en las aportaciones de los jóvenes españoles para el Sínodo sobre los jóvenes, éstos  soñaban con una Iglesia misericordiosa, acogedora, cercana y abierta al mundo de hoy y, sobre todo una Iglesia fiel a Jesús y su Evangelio. Para ello es importante: salir hasta las periferias, diálogo y encuentro, vivir desde la oración y los sacramentos, apertura a quienes buscan, cultivar las semillas del Verbo, cercanía a los pobres y a quienes sufren, anunciar el Evangelio y estar a gusto con el pueblo”. Se ha insistido en la vocación como factor clave en la tarea de los laicos: “todos los cristianos estamos invitados a tener un papel activo en la Iglesia y en el mundo, cada uno según su propia vocación. La vocación es el regalo que Dios nos dona junto a la vida. Este pueblo ha sido bendecido con distintas vocaciones. No es extraño entender la vocación como camino de santidad, como fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas y en nuestras comunidades, porque toda vida es misión. Hay una continuidad inseparable entre vocación, misión y santidad. La llamada a la santidad es una llamada a la entrega, a la donación y a la alegría misionera. Vocación y misión están inseparablemente unidas. No podemos olvidar nunca que la vocación y la misión nacen del Señor, de Él parte la iniciativa. La misión es del Señor, es Él quien llama y envía”. “Aquí están los fundamentos de la misión compartida, tan importante en muchas congregaciones e institutos religiosos. La misión compartida va haciéndose realidad. Es una gran alegría constatar la presencia de tantos laicos comprometidos vocacionalmente en la misión. Nos necesitamos unos y otros, cada uno con su propia vocación, para llevar adelante la misión”, han añadido. Se ha hablado también del protagonismo del laicado. “Este protagonismo –explican- brota del don de la vocación laical y se hace concreto en la responsabilidad que toda vocación conlleva. Cuando posibilitamos y ejercemos este protagonismo, desarrollamos la sinodalidad. Esta se hace efectiva cuando todos los miembros de la Iglesia ejercen su responsabilidad en ella, según la vocación recibida. La responsabilidad de unos está unida a la responsabilidades de otros. Por eso hablamos de corresponsabilidad, que es más que de responsabilidad, porque implica una responsabilidad compartida y ejercida complementariamente. En la Iglesia sinodal nos necesitamos todos. No podemos excluir a nadie y nadie puede excluirse”. Asimismo, han dicho que les gustaría ver “este mismo protagonismo laical en los cauces de participación eclesial, siempre en clave de misión y no de poder”. La segunda parte de la ponencia se ha centrado en dar respuesta a las tres preguntas que se plantearon al inicio del Congreso: ¿Qué actitudes hemos de convertir? ¿Qué procesos hemos de activar? ¿Qué proyectos podemos proponer? Previamente, los participantes habían identificado luces y sombras, habían recogido sus inquietudes, planteado líneas de acción y concretar algunas propuestas. Todo ello ha sido plasmado en el Instrumentum Laboris, que…

Homilía del cardenal Blázquez

Homilía en la Eucaristía de clausura (Congreso de laicos 14-16 febrero 2020) 1)“Como el Padre os ha amado, así os he amado yo” (Jn. 15, 9). “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto” /Jn. 15, 16). “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn. 20, 21; 17, 18). Hay una especie de cascada de amor y de misión que tiene su fuente en el corazón del Padre, pasa por Jesús, el Hijo enviado, son destinatarios de su misión los Apóstoles y va llegando a los cristianos a lo largo de la historia. Con inmensa sorpresa y gratitud no somos espontáneos, sino amados, elegidos y enviados. Somos Pueblo de Dios “en salida” porque somos Iglesia enviada. Somos misión porque vivimos en comunión con Jesucristo y los hermanos.  “El Señor Jesús, a quien el Padre santificó y envió al mundo (Jn. 10, 36), hace partícipe a todo su Cuerpo místico de la unción del Espíritu con el que Él fue ungido. En Él todos los fieles quedan constituidos en sacerdocio santo y real, ofrecen sacrificios espirituales a Dios por Jesucristo y anuncian las maravillas de Aquel que de las tinieblas los llamó a su luz admirable. Por tanto, no hay ningún miembro que no tenga parte en la misión de todo el Cuerpo, sino que cada uno debe glorificar a Jesús en su corazón, y dar testimonio de Jesús con espíritu de profecía” (Presbyterorum ordinis, 2). En virtud de los sacramentos de iniciación somos un pueblo sacerdotal, profético y misionero.          2) Los mandamientos de Dios son expresión de su voluntad. Son palabras de vida para el hombre; no son humillación de su dignidad, como el instigado por el tentador pensó el primer hombre (cf. Gén. 2, 17; 3, 5). Son caminos de sabiduría para que el hombre no se extravíe. Jesús no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento. El hombre puede organizar su vida al margen de Dios, pero, como “el drama del humanismo ateo” ha mostrado reiteradamente, lo hará contra sí mismo (H. de Lubac. Cf. Pablo VI, Populorum progressio 42). No le viene bien al hombre desentenderse de Dios y de su Ley.          Pensemos en la “eutanasia”, que con eufemismo vergonzante significaría muerte feliz o muerte digna. La sociedad, los hombres, pueden despenalizarla, dejar indefensas a personas débiles, permitir que sean eliminadas, presionar sutilmente sobre otros. Pero realmente renunciar al carácter inviolable de la vida humana es minusvalorar su dignidad personal. ¿Cómo lleva Jesús a plenitud la Ley y los Profetas? Jesús no es un legislador minucioso ni rigorista, de mínimos y casuística. Es Señor abre a sus discípulos un horizonte de amplio respiro, de hondura y de libertad porque responde a la verdad y la honda aspiración del hombre. La vocación del hombre es la libertad; la libertad está destinada al servicio de los demás, no al abuso y al engreimiento. “El que no ama cumple la ley” (Rom 13, 8-10; Gál. 5, 13 ss). El Espíritu del Señor anima el corazón del hombre para decir sí a Dios, sin condiciones, sin plazos, sin fecha de caducidad. El Espíritu colma la letra; Jesús propone una vivencia de la Ley desde dentro, no con un mero cumplimiento exterior. El cumplimiento de la ley de Dios genera convivencia respetuosa y sabia ordenación interior. La Ley auténticamente humana y humanizadora no es caprichosa ni impuesta despóticamente ni convenida sin respeto a la genuina condición humana, sino asentada en la verdad del hombre y al servicio del bien común. La “cultura del encuentro” (Papa Francisco) arraiga en el respeto a la dignidad de toda persona que nos remite a Dios. El Evangelio que ha sido proclamado y hemos escuchado contiene tres casos de los cinco que el texto enumera de la manera como Jesús interpreta la ley de Moisés enmendando la interpretación de los fariseos. Con autoridad inaudita y soberana enseña Jesús: “Habéis oído que se dijo … pero yo os digo” (Mt 5, 21.27.33),. Los cinco ejemplos se encuadran entre las siguientes expresiones clave: “Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 5, 20); y “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (5, 48). Esta es la medida moral que Jesús enseña a sus discípulos. Volvamos dócilmente al Evangelio que hemos escuchado. La ofrenda a Dios y la reconciliación con el hermano son inseparables. Levantemos las manos  a Dios limpias de rivalidades, de orgullo  y resentimientos. La fe en Dios es fecunda en buenas obras; la adoración de Dios conduce al servicio de los hombres; el encuentro con Dios impulsa a servir a los demás. La acogida del padre revelado en Jesucristo es fundamento permanente de fraternidad. ¡No elijamos a Dios contra el hombre ni al hombre contra Dios!. El matrimonio y la familia son realidades fundamentales en la vida de las personas y en la convivencia de la sociedad. El adulterio, nos dice el Evangelio de Jesús, comienza en el corazón. Aquí están las raíces donde germinan las acciones del hombre. ¿Por qué no nos detenemos para mirar con respeto y amor compasivo al matrimonio y a la familia de nuestro tiempo? ¿Por qué se multiplican las rupturas del matrimonio, con el sufrimiento de los esposos, los hijos y familias hasta el punto de conmover la estabilidad de la sociedad? Produce consternación el que tantas mujeres sean víctimas de su esposo o pareja. ¡Hasta dónde puede llegar el odio y la violencia! ¡Asesinar a la persona con la que se ha tenida la suma intimidad! ¿Qué nos pasa? ¿Qué desviaciones padecemos? Sin olvidar otros medios, necesitamos ciertamente educación moral y fortalecimiento de valores éticos para que nunca otra persona sea convertida en objeto de que se pretenda disponer arbitrariamente. No podemos olvidar que de la familia unida y saludable depende en gran medida la salud ética de la…

Ponencia final: «Un Pentecostés renovado»

https://www.youtube.com/watch?v=mJMYddtaI4sPonencia final del Congreso de Laicos: Un Pentecostés renovado  Monseñor Toni Vadell Ana Medina Premisa En la dinámica de nuestro Congreso, la Ponencia final tiene un doble objetivo: de un lado, presentar las aportaciones que, en un ejercicio de discernimiento, los Grupos de Reflexión han formulado tras el recorrido de los cuatro itinerarios que constituyen el eje central de nuestro encuentro; de otro, ofrecer un escenario de futuro inmediato que nos permita profundizar en las prioridades que, en un ejercicio de sinodalidad, hemos podido identificar durante este proceso. El pueblo de Dios en salida El libro de los Hechos de los Apóstoles presenta el testimonio de los primeros cristianos y cuenta cómo se extendió el Evangelio por el mundo entonces conocido. En los Hechos de los Apóstoles vemos con claridad que en Pentecostés el Espíritu Santo abrió el tiempo de la Iglesia y de la misión. “En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno comienza a entender en su propia lengua” (EG 259). El pueblo de Dios misionero y santo La Iglesia nace del misterio de Dios y camina en la historia como pueblo; para pertenencer a ella se necesita el bautismo y para mantenerse en ella es fundamental la eucaristía. La Iglesia es el pueblo de Dios, misionero y santo. Este pueblo estaba formado por hombres y mujeres, cristianos que venían del judaísmo y cristianos que venían del paganismo, apóstoles y maestros, profetas y diáconos, pastores y fieles. Es un pueblo en salida por expreso mandato de Jesús resucitado. La Iglesia es Iglesia en salida y, por eso, en toda época la misión renueva a la Iglesia. En esencia la misión consiste en dar vida. “Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión” (EG 10). ¿Quiénes forman parte de este pueblo misionero y santo? Este pueblo está constituido por hombres y mujeres con diversidad de vocaciones, carismas y ministerios. Este pueblo se caracteriza porque sus miembros tienen un mismo bautismo, una misma llamada para ser seguidores a Jesús, un mismo mandato para llevar el Evangelio hasta los confines del mundo, unos rasgos identificadores como son la vida comunitaria, la celebración litúrgica, especialmente la celebración de la eucarística, y el servicio generoso para el bien del mundo. Hay diversidad de ministerios pero una misma misión. Este es el fundamento del apostolado laical y de cualquier apostolado. Los laicos somos una parte fundamental del pueblo de Dios. También los laicos somos discípulos misioneros de Jesús. No somos una cosa o la otra, sino discípulos misioneros, sin separaciones, sin divisiones, sin compartimentos estancos. Somos discípulos misioneros: con la mirada puesta en Jesús. Somos hombres y mujeres de fe que miramos a Jesús y queremos mirar la vida con la mirada de Jesús. “La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver” (LF 18). conscientes de nuestra propia vocación. Somos hombres y mujeres agradecidos por el regalo de la vocación que el Señor dibuja en nuestras entrañas. “Porque la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno” (ChV 252). Deseosos de vivir en comunión con los cristianos que tienen otras vocaciones dentro del Pueblo santo de Dios. con una vida entregada a los demás. Nos gustaría sacar fuera lo mejor de nosotros para la gloria de Dios y para el bien del mundo. Decimos “aquí estoy Señor”, porque queremos acoger el don que nos hace el Señor, y colaborar con Él en la misión. En un contexto secular y pluralista También nosotros, fieles laicos, somos una misión. “La misión en el corazón del Pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar (EG 273). Estas acciones son importantes llamadas del Espíritu. Junto con las otras vocaciones, los laicos formamos parte del pueblo de Dios en una sociedad secularizada y plurireligiosa. El pluralismo se ha extendido en todos los órdenes de la vida. Se deja ver en distintos estilos de vida, modos de pensamiento, cosmovisiones, sistemas de orientación. Todos vivimos al mismo tiempo mundos muy diferentes en la familia, el trabajo, la esfera pública, la economía, las diversiones, las relaciones. En este sentido, saber situarse en este complejo contexto no es fácil y es para los cristianos un importante reto. No hay otro lugar para la misión que este mundo con toda su complejidad. Creemos que el icono bíblico de Babilonia puede ser inspirador. En Babilonia el pueblo de Israel se diluye en el contexto, excepto un pequeño resto, una parte pequeña del pueblo que no sucumbe a la propuesta de los ídolos, se mantiene fiel a la Alianza, y continúa esperando en las promesas de Dios. La pregunta es inmediata: ¿Cómo ser un resto significativo en nuestro contexto actual? La propuesta de un Congreso de laicos En la base de la experiencia cristiana está la convicción de que Dios está actuando en el mundo, en la Iglesia, en nosotros, en todo hombre y en toda mujer. Y porque Dios está actuando podemos buscar los signos y las huellas que Dios deja. Esta convicción ha estado muy presente en la convocatoria de este Congreso. Estamos convencidos que el Espíritu Santo busca la manera de renovar nuestras Iglesias y utiliza acontecimientos como este mismo Congreso. Este es un Congreso de…

Hoy en #Laicos2020: 4 itinerarios, experiencias y testimonios.

La segunda jornada del Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en Salida” estará dedicada a los cuatro itinerarios y la presentación de experiencias y testimonios. Los congresistas hoy trabajarán por separado, reunidos en diferentes grupos temáticos. Programa del sábado 15 de febrero de 2020 00 h.: Eucaristía 00 h.: Comienzo de los itinerarios de la mañana Formación de los 4 itinerarios 45 y 12.00 h.: Experiencias y testimonios de las 40 líneas temáticas (I y II) 45 h.: Grupos de reflexión 00 h.: Comida 00.: Comienzo de los itinerarios de la tarde 45 y 18.00 h.: Experiencias y testimonios de las 40 líneas temáticas (I y II) 45 h.: Grupos de reflexión 00 h.: Final de itinerario   30 h.: Concierto Un día para recorrer “cuatro” caminos Los itinerarios son el eje central del Congreso. Se trata de “caminos” que recorrerán los congresistas para profundizar en cuatro claves que permiten concretar la vocación y misión de los fieles laicos: primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos y presencia en la vida pública. Se iniciarán con una breve ponencia para enmarcar cada uno de ellos. Seguirán con la presentación de experiencias relacionadas con cuarenta líneas temáticas (diez por itinerario), acompañadas de testimonios de personas que las están protagonizando. Todo ello permitirá ofrecer una visión de la respuesta que se está dando por parte de realidades de la Iglesia española en diócesis, parroquias, asociaciones y movimientos a las necesidades detectadas con cada una de esas líneas temáticas.   Grupos temáticos  Las sesiones de la mañana y la tarde se organizan del mismo modo, para que cada congresista pueda seguir los dos itinerarios que ha elegido previamente. El recorrido se iniciará en cuatro grupos de 500 personas. En cada uno se ofrecerá una charla sobre cada uno de los cuatro itinerarios. La segunda fase será la exposición de las experiencias y testimonios de las 40 líneas temáticas del congreso, donde participarán 50 personas por cada línea. Posteriormente habrá 80 grupos de reflexión, de 25 personas en cada uno. En estos grupos debatirán en torno a tres preguntas para llegar a conclusiones prácticas después del congreso: ¿Qué actitudes hemos de convertir? ¿Qué procesos hemos de activar? ¿Qué proyectos podemos proponer? Este segundo día del Congreso Laicos 2020 estará amenizado con música en cada uno de los descansos. Actuarán diferentes grupos de músicos católicos contemporáneos coordinados por Jesús Cabello, David Santafé y Unai Quirós. También la jornada se cerrará con música. A las 21.30 horas comenzará un concierto con las actuaciones de Grilex, Hakuna, Olga Martínez, Gaby Soñer, Chito Morales (Brotes de Olivo y Fermín Negre (IXCIS), Bombaii, Amanecer, María Vasán, Sara y Mingos, Toño Casado, Unai Quirós, Jesús Cabello y Mabelé, cuya canción “Misión” se ha convertido en el himno del congreso de Laicos.

Intervención de Isaac Martín

Palabras de Bienvenida de Isaac Martín, laico y miembro de la Comisión Ejecutiva del Congreso.  Queridos hermanos, queridas hermanas: Bienvenidos al Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en Salida” a todos y cada uno de cuantos nos hemos congregado en este Pabellón de Cristal o nos seguís en streaming o a través de televisión. Permitidme que me presente. Me llamo Isaac Martín Delgado, soy Profesor Universitario, casado y padre de cuatro hijos, miembro de la Parroquia de San Juan Evangelista de Sonseca, militante de Acción Católica General y Delegado de Apostolado Seglar de la Archidiócesis de Toledo. En definitiva, un fiel laico, como la inmensa mayoría de los que estamos aquí presentes, que trata de vivir su fe en medio de las realidades temporales y tiene un fuerte compromiso en la Iglesia. Me corresponde daros la bienvenida al Congreso en nombre de la Comisión Ejecutiva que, integrada por dos Obispos (D. Javier Salinas y D. Carlos Escribano), dos sacerdotes (D. Luis Manuel Romero y D. Raúl Tinajero) y una laica y un laico (Doña Pilar Rodríguez Carretero y yo), ha sido el órgano coordinador de todo el proceso que nos ha conducido hasta aquí. Digo bien, ha sido el órgano coordinador, no el órgano impulsor ni el órgano director. Porque los impulsores de este proceso hemos sido todos nosotros y cuantos se han comprometido con el mismo en Diócesis, Parroquias, Asociaciones y Movimientos durante la fase precongresual. Entre todos hemos logrado un objetivo importante: celebrar un Congreso histórico para reflexionar sobre la vocación y misión de los fieles laicos y para dinamizar el laicado en España; un Congreso que está dando ya frutos y está llamado a dar muchos más. Cuando, en junio de 2018, se nos planteó por primera vez esta idea a los Delegados diocesanos de Apostolado Seglar y Presidentes de Movimientos y Asociaciones, fueron muchas más las dudas que las certezas. Se dudaba, sobre todo, de los tres extremos siguientes: de la capacidad de organizar un Congreso relevante e influyente con tan poco margen de tiempo; de la sinceridad de la afirmación de que se quería que fuese, ante todo, un Congreso de laicos protagonizado por laicos; y de que realmente fuera a ir más allá de un evento que culminara en un libro de actas para poner en nuestras estanterías. Después de lo vivido en estos meses, podemos decir, con orgullo, que las dos primeras dudas han quedado disipadas y que superar la tercera depende de nosotros. Efectivamente, en primer lugar, es posible afirmar con rotundidad que los laicos hemos protagonizado este proceso. Lo hemos hecho desde la implicación en su preparación y desarrollo a través de las Comisiones de Logística y Organización y de Contenidos. Pero, sobre todo –y esto es lo más relevante– lo hemos logrado desde la implicación de las Diócesis españolas y de los diferentes movimientos y asociaciones. Más de 37.000 personas integradas en 2.485 grupos hemos participado activamente. ¿Somos conscientes de lo que esto significa? Solo había dos premisas acordadas: marco temporal –debía ser en febrero de 2020, coincidiendo con la finalización del Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española– y el tema central –la conversión pastoral y misionera del laicado–. El resto, que es casi todo, lo hemos hecho nosotros, los aquí presentes y otros miles de hermanos nuestros. Seguro que, al recordar interiormente lo que ha sido este proceso en vuestras respectivas realidades eclesiales, coincidiréis conmigo en esta afirmación: ha sido precioso trabajar mano a mano con tantas personas –laicos, religiosos, sacerdotes, Obispos–. Ha sido impresionante comprobar cómo se iban sumando al proceso las distintas Diócesis, alentadas por sus pastores. Ha sido en cierto modo sobrecogedor apreciar la mano de Dios en el proceso y en las personas que hemos participado activamente en él. Junto con ello, en segundo lugar, resulta también evidente que la vocación y misión de los fieles laicos es el tema central de este Congreso y el eje de todo el proceso. Las reflexiones compartidas con motivo del Documento-Cuestionario preparatorio, el trabajo del Instrumentum Laboris  y el propio contenido del mismo, son muestra de auténtica sinodalidad y resultado de un ejercicio de discernimiento comunitario sin precedentes en la Iglesia española en los tiempos recientes. Nos reconocemos en el contenido de los documentos y en los resultados de la fase precongresual; nos identificamos con lo que vamos a vivir en estos tres días intensos. Todo este proceso es nuestro. Y con él queremos hacer realidad el subtítulo de ambos documentos: “Un laicado en acción: vivir el sueño misionero de llegar a todas las personas”. Pero sigue planeando en el aire la tercera duda, que es el verdadero reto de nuestro proceso: lograr la consolidación de esta nueva etapa que hemos abierto con motivo del Congreso de Laicos. La respuesta a la misma ya la hemos anticipado: depende de nosotros, que tenemos encomendada la tarea de ser puente entre lo vivido aquí y el resto de hermanos nuestros y, al mismo tiempo, de ser vasos comunicantes entre lo que somos y vivimos como Iglesia y los hombres y mujeres a los que somos enviados. A tal fin, es muy importante ser conscientes de por qué y para qué estamos aquí. Por ello dedicaré unas palabras a presentar el Congreso. Empezaré diciendo lo que no es. No es un acto reivindicativo del protagonismo de los fieles laicos, porque el protagonismo lo hemos tenido desde el principio, durante todo el proceso, y lo seguiremos teniendo en estos días y después, durante el post-congreso. Hemos actuado con libertad y con responsabilidad. Desde la libertad hemos hablado de nuestras preocupaciones e inquietudes, también de las fortalezas que vemos en nosotros; en un ejercicio de responsabilidad, hemos ofrecido pistas para asumir los retos que hemos identificado y nos hemos comprometido a abrir nuevos caminos para afrontarlos. No desviemos la atención y centremos nuestros esfuerzos en lo importante. Lo importante, en estos días, es cómo dar respuesta a las necesidades que hemos identificado y que se nos presentarán en las ponencias y…